martes, 30 de septiembre de 2008

GuateAmala (Antigua, Lago Atitlan, Chichicastenango y Semuc Champey)

Desde el momento que cruzamos desde Honduras a Guatemala supimos que algo bueno iba a pasar. Nos tomamos un shuttle desde Copán directo a Antigua, que justamente se llama así porque era la anterior capital nacional, antes de cambiar a Ciudad de Guatemala. Al llegar nos encontramos con una ciudad colonial como pocas. Esas que te hacen recordar Cuzco, o tal vez Cartagena. Calles empedradas, fachadas antiguas, una plaza central que hace de embudo para los caminantes, y muchas iglesias. Además de todo esto, nos sorprendió la cantidad de turistas de todo el mundo que transitaban las cuadras de esta ciudad.

No hicimos demasiadas cosas, pero nos tomamos el tiempo de ir a lugares de salsa (se siente la vibra de este ritmo en toda la ciudad) y a escuchar al gran Nacho Borell que nos hizo mover las cachas a más no poder. Pero este lugar hizo de base para tomar el tour al volcán Pacaya. ¿Qué tiene de especial este volcán? todavia esta activo. Si como lo escuchan, todavía hay actividad en el. Asi que con el tour contradado salimos para alla. Una hora de bus nos depositó en la base del volcán, algunos pequeños preparativos y a subir. Aqui conocimos a una amiga española, Bergoña que nos acompañó. Todo fue muy divertido, con trecking, caminar por rocas volcánicas, y hasta descender corriendo una ladera al riesgo de caerse y rasparse todo. Pero lo mejor estaba por llegar.

Al llegar a los rios de lava, fue una cosa que no podemos describir, solo podemos decir que es probablemente la sensación de mayor calor, (casi fuego) que hayamos sentido en nuestras vidas. Con la lava cayendo al lado nuestro (a un par de le derritieron las suelas de las zapatillas) y otros tantos haciendo malvadiscos asados, fue un momento único. Pero faltaba lo máas difícil, volver. Se nos hizo de noche y no teniamos linterna (obvio que nos habían avisado que debíamos llevar, pero bueno, somos cabezones), sumado a que llovia y había tormenta eléctrica, y los rayos parecían caer al lado nuestro. Pero todo esto lo hizo muy divertido y como estamos escribiendo entenderan que llegamos vivos.

Nuestro siguiente destino en Guatemala fue el Lago Atitlan, el cual muchos lo consideran el lago más lindo del mundo. Para eso nos tomamos un bus a Panajachel, y una lancha a San Pedro Laguna. Es llamativo, porque en este Lago se pueden encontrar pueblos con los nombres de los 12 apóstoles y otros santos. La estadía fue muy tranquila, aprovechamos para relajarnos, tomar sol, nadar y hacer cosas extrañas, como comer ceviche de desayuno, o algún que otro pastelito mágico. Por las tardes era inflatable la lluvia, y por la noche los seres que salían y se agrupaban en diferentes bares, todos pasadísimos. También conocimos a otras grandes amigas aquí, dos norteamericanas llamadas Sarah y Laureen. Nos cruzamos con muchos israelitas y hasta con un chaman que negociaba los precios (de chaman no tenía nada).

Desde este pueblo pudimos ir a otro, uno que vive de una de las ferias más grandes de Latinoamérica, Chichicastenango. Aqui fue momento de comprar, pero por sobre todo de regateo. Precios ilógicos llevaban a descuentos más ilógicos aun. Un constante tira y afloje, que se torna muy divertido cuando uno no tiene apuro, y más cuando llega la hora del cierre del mercado y no se ha vendido mucho. Colores, olores, texturas, todo esto se puede apreciar en este mercado, que abre los jueves y domingos, y del cual vive muchisima gente. Luego del paseo volvimos a San Pedro a seguir descansando.

El siguiente paso fue Semuc Champey. y como ya es habitual en este viaje, fue otro destino lleno de aventuras. En este caso, la visita a un parque nacional y el recorrido de unas cavernas; literalmente un viaje al centro de la tierra. El viaje fue largo y complicado, cambiando de buses y haciendo noche en la ciudad de Cobán, y otra vez tomando y cambiando de buses al día siguiente. Sin embargo, para las 11 de la mañana del miércoles llegamos al hostel Las Marías, desde donde salimos a hacer los tours. El primero, el parque nacional Semuc Champey, fue uno de los paisajes más lindos de todo Centroamérica (y, según muchos, el lugar más lindo de toda Guatemala). Son unos piletones de arcilla, formados a lo largo de años, que forman un puente que separa dos partes de un río. Son bastante profundos, y el agua es completamente cristalina, asi que pasamos unas horas nadando y chichoneando. Una comida rápida y vuelta al hostal, ya que a las 15 hr empezaba el tour a las cavernas.

Si bien habíamos visto fotos y nos habían recomendado ir, no estábamos preparados para lo que fue esa aventura, una verdadera incursión al centro de la tierra. Empezamos metiéndonos al agua con una vela en la mano, nuestro guía Armando (un local de 19 años que prácticamente no hablaba español) al frente. El agua estaba fría y nos llegaba a la cintura. A medida que caminábamos la luz del sol se fue extinguiendo. Armando sacó un encendedor y prendió las velas que nos había dado al comienzo; es increíble la luz que da una vela, y lo oscura que puede ser la oscuridad. Las cavernas eran enormes, altas y silenciosas. Estalactitas y estalagmitas, y un par de murciélagos que nos chistaban desde sus nidos. Agua de nuevo, pero ahora hay que nadar: con una mano fuera del agua, Armando ya iluminaba el lugar donde debíamos llegar y después nosotros, 8 velas flotando por un lugar que se revelaba a medida que nos movíamos e iluminábamos. En todo momento nos sentimos dentro de una película: podía aparecer algún monstruo, o Indiana Jones saltar delante nuestro.

Escaleras arriba y abajo, escalada por el medio de una cascada, túneles y más nado nos llevaron hasta el fin del recorrido: una enorme cueva, parte de la caverna formando una plataforma para saltar y un piletón caer. La subida era difícil, sobretodo por no ver bien dónde pisar ni de donde agarrarse. Pero la caída fue corta y el agua refrescante. Para salir recorrimos el mismo camino, esta vez con más frío y menos velas. Después de casi dos horas de cavernas, volvimos a ver la luz del sol y a sentir el viento. Pero no era el fin del tour, sino que faltaba el tubing: Con unas cámaras de rueda, recorrimos los 2 km que separan las cavernas del hostel. Un momento para relajarse y dejarse llevar por la corriente, aunque el agua es bastante fría. Para terminar el día, sesión de saltos ornamentales desde un muelle, comida y sueño. A las 5 de la mañana teníamos que arrancar para Flores, la parada anterior a las ruinas de Tikal. Pero eso es parte del post anterior, del mundo maya.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hey!! Yo estuve ahi en La Antigua!! Ese puente era de un convento, para que las monjitas de clausura no salgan... que onda manolo, asi que socialista ahora!!
Que buen blog, ya me tomare mi tiempo para dsifrutarlo.
Abrazo y visitiate el mio, a ver si posteas algo de cine.