miércoles, 13 de agosto de 2008

Cahuita y Monteverde

Cahuita, el caribe tico... la salida de Panamá y llegada a Costa Rica, como era de esperar, no fue sencilla: una lancha, una camioneta, cruzar un puente caminando, migraciones (conseguir una reserva de salida del país, incluído, claro) y otro bus, hicieron que el trámite sea de unas 8 horas aproximadamente, sin embargo, Cahuita bien lo vale.

Es un pueblo tranquilo y pequeño, opacado por sus vecinos Puerto Limón y Puerto Viejo. También es donde se encuentra uno de los tantos parques nacionales ticos (asi que se pueden ver monos y otros animales desde la playa). Y, si bien no hicimos mucho, ya que nos llovió tres de los cuatro días que nos quedamos, aprovechamos para descansar, leer y jugar a las cartas. Como conseguimos una cabañita, pudimos cocinar y comer rico y sano, y por la noche tomar un poco de ron y dar una vuelta por el pueblo (donde había una feria con breakdance, reagge y autitos chocones).

No hay mucho más para contar de Cahuita. Pero es un lindo y tranquilo destino para conocer y relajarse.
Monteverde, en el medio de Costa Rica es aventura. Eso es Monteverde. Y adrenalina. El viaje es largo, y comenzó en San José (donde pasamos solamente una noche). Lo que impacta del paisaje es lo verde que es todo... Tal vez por eso es que Costa Rica es Pura Vida (cosa que oímos en varias ocasiones, y en los más diversos sentidos posibles). Selva, árboles y más selva, parte por asfalto, parte por caminos de tierra.

Una vez allí, instalados en un hotel en medio del pueblo y ya habiendo comido, salimos a recorrer. Nos encontramos nuevamente con las holandesas, Linda y Laura. Ellas iban a tomar el tour de canopy (tirolesa) al día siguiente, asi que nos acoplamos con ellas. Pero para eso falta... Fuimos al único bar que estaba abierto, y para nuestra sorpresa, era noche de karaoke. Pero no era un karaoke típico, sino que era un hombre, un mariachi, el que cantaba rancheras y canciones mexicanas. Después de unas cervezas, todo el mundo bailaba. Reaggeton, salsa, merengue, bachata, rancheras y demás... Pero, como todo bar en Costa Rica, cerca de las 2am cerró.

Al día siguiente nos levantamos y nos preparamos para el canopy, una de las actividades más representativas de Monteverde (son varias las empresas que ofrecen el tour, y se realiza en distintas partes del bosque de los alrededores). También se pueden hacer tours a caballo o en cuatricíclos, caminatas y demás.

Camioneta de por medio, y junto con las holandesas y un grupo de amigos de ellas llegamos al lugar. Preparación, equipos y explicación (en castellano o en inglés, ya que la mayor parte del turismo es, obviamente, angloparlante) nos mandamos a las plataformas.

Pero, ¿qué es el canopy/tirolesa? Es estar colgado a varios metros de altura de un cable de metal que une dos plataformas (algunas muy alejadas), y deslizarse de una a otra a distintas velocidades. Es seguro, ya que hay dos o tres "seguros", y divertido. En algunos casos, se toma mucha velocidad, y la vista es realmente increíble: Se siente como volar entre y por encima de los árboles. Todo esto fue de la mano de los guías, que se hicieron un festín con un grupo de "argentinos boludos" y realmente hicieron del tour algo inolvidable. Dicho tour incluía también dos actividades extra: Rapel, que es una bajada tipo SWAT desde una plataforma hasta el suelo (en el que los huevos, junto con el estómago, te quedan en la garganta), y el Tarzán.
El último, obviamente, es hacer un salto al estilo Tarzán, pero con una soga y muy atado. Y es una de las actividades más intensas que hemos realizado en este viaje, ya que se salta de una plataforma de 12 metros, y se llega a una altura máxima de 60 mts cuando la soga está completamente extendida. Como la sensación es tan fuerte, es difícil de transmitir. Creemos que éstas fotos van a ser bastante elocuentes.




Terminado el tour, volvimos al hotel. Y descansamos un poco de tantas emociones. Al día siguiente, al no haber mucho más para hacer, nos fuimos para la playa. Pero eso ya es otro post, es otra historia...

lunes, 4 de agosto de 2008

Panama City y Bocas del Toro

Después de la gran odisea llegamos a Panamá City, ciudad que nos recibió con un gran combo en Mc donalds como para hacer honor a la cultura yankee reinante.

Nos quedamos poco tiempo, por lo que no visitamos mucho, pero si lo clásico. Un paseo bajo la lluvia por el casco histórico, ir al mall y ser seducidos por la nueva Batman y por mas fast-food, y la visita imperdible al gran Canal. Obra de ingeniería por excelencia, una maravilla moderna con su sistema de exclusas, el paso de los barcos y su interminable cantidad de turistas que viajan todo el mundo, para conocerlo. Lamentablemente en el museo no se muestra seriamente la explotación y el genocidio que tuvieron que soportar los latinos que trabajaron en la construcción del Canal.

Por la noche, en compañía de Zully (nuestra amiga panameña) conocimos el Causeway, con sus barcitos, restaurantes y bares, sobre la costa, lo que nos permitió apreciar todo el relieve de la ciudad iluminada, además nos llevó a un cumpleaños en un boliche de la ciudad a bailar un poco de reggaeton, merengue y salsa. También nos reencontramos con Roni, que se unió nuevamente al grupo.

Así fue Panamá City (ex ciudad de Panamá) una estrella mas en la bandera de Estados Unidos, la futura NYC y Miami Beach según los locales, pero definitivamente, una ciudad Latino americana más. Espero que algún día os panameños se den cuenta de esto.


Como para descansar un poco de la ciudad, tomar sol y disfrutar de las playas del Caribe sur, nos fuimos para Bocas del Toro. Un destino muy lindo y muy turístico en Panamá.

Además de unos paisajes muy lindos, viajes en lancha y un hotel con deck propio, en Bocas se puede hacer snorkel, ver corales y delfines, pasear en lanchas taxi que te llevan a diferentes playas donde los surfers hacen lo suyo...


Por la noche, unas cervezas, cuba libre y todos reunidos en el mismo lugar, el Barco Hundido, un bar rustico sobre el mar, con mucho de reggae.

En Bocas conocimos a Laura y Linda, dos chicas Holandesas, y a Carl y Alex, dos Ingleses que compartieron con nosotros los días en la isla, además de seguir con Roni. Eramos un gran grupo. Y lo pasamos bárbaro. Playa, amigos, que mas se puede pedir.


Guía practica para cruzar de Colombia a Panama

Como es sabido, el cruce de Colombia a Panamá es complicado. Por tierra es imposible, es todo terreno selvático y la única carretera es usada solo por narcos. Las opciones más lógicas son crucero o avión. Los vuelos no salen menos de 350 dolares y el crucero imagínense. Anteriormente se podía cruzar en barcos de carga, pero luego de que uno de estos explotó con turistas adentro, esto se canceló. Entonces, para los mochileros hay 2 opciones:

Cruzar en velero. Nosotros conocimos a un argentino de 28 años (quien había venido a recorrer Am. del Sur, se casó y se quedó en Colombia) que tenía uno y nos ofreció ese servicio. El viaje salía 320 dolares incluía todo, y en el camino frenaríamos en las islas de San Blás. Pero el velero no estaba muy bueno y obviamente nos íbamos a marear y demás (subimos para ver cómo era el barco; al bajar, todo parecía moverse!).

La segunda opción era viajar de Cartagena a Turbo, de ahí en lancha a Capurganá, más bote hasta Puerto Obaldía (Panamá) más un bus
hasta la ciudad de Panamá. Valor aprox: 100 dolares. Es claro que elegimos la segunda opción, principalmente por un tema monetario. Y también es claro que todo salió al revés...

A las 5 a.m. nos subimos a una combi que habíamos contratado para que nos llevara de Cartagena a Turbo. Esta nos costó unos 75000 pesos (aprox 45 dolares) y primero nos llevó hasta la mitad del camino; fueron 4 horas de curvas y más curvas. Ahí nos cambiamos a otra combi, un poco más apretados, y seguimos viaje. Otras 4 horas, 2 de las cuales fueron por un camino de tierra que cruzaba varias fincas. Lo mejor del viaje es que durante mucho tiempo fuimos bordeando el Caribe, así que la vista era impresionante.

Turbo es un pueblo de negros mayormente. Debíamos llegar y tomar una lancha a Capurganá, pero obviamente ya no había y tuvimos que esperar hasta el día siguiente. Ahí averiguamos cómo debía seguir el viaje, los costos (todo era más caro de la info que teníamos), y vaya sorpresa, que la única manera de salir de Puerto Obaldía era por avión... Un quilombo. Agrégenle a eso calor, humedad, gente y mucha policía. Por suerte conseguimos un hotelucho de mala muerte para pasar la noche, comimos algo y nos fuimos a dormir temprano.

A la mañana siguiente, con los pasajes en la mano (50000 pesos que son un poco menos de 30 dolares) fuimos al puerto. Mucha gente, colas, equipajes; de allí salen las lachas colectivas (de alta velocidad) que van a distintas ciudades colombianas a las que sólo se accede por agua, cruzando el mar Caribe. Obviamente nos cobraron exceso de equipaje (se puede llevar max 10kg, y nosotros teníamos aprox 20 cada uno), y nos montamos. La lancha iba repleta de gente y de cosas, pero aún así iba a una muy buena velocidad. El mar estaba calmo y no había viento, pero las olas igual nos hacían saltar por el aire, caer y mojarnos. Así fue el viaje por 2 horas.

La última ciudad de Colombia antes de cruzar la frontera fue Capurganá. 2000 habitantes que viven de la pesca y del turismo, y definitivamente un lugar para conocer (también se puede llegar en avión desde Medellín) y pasar unos días, ya que es un paraíso en el Caribe. Sellamos la salida en el pasaporte, arreglamos con un botecito de pescadores para cruzar a Puerto Obaldía (que llevaba unas 15 personas a bordo y nos cobro unos 20000 pesos, aprox 10 dol) y dejamos la querida Colombia.

En Puerto Obaldía, al legar, tuvimos que pasar por una especie de goma espuma mata insectos o bacterias, o quién sabe qué. Nos revisaron los equipajes e hicimos migraciones. Es un pueblito muy chiquito, una base militar y nada más (el hombre de migraciones es hermano del que revisa el equipaje antes de subirlo al avión, que también maneja la Internet del pueblo, y a ambos los vimos tomando unos rones a la noche, muy divertido).

Lo increíble es que ya acá migraciones se empieza a complicar: hay que presentar solvencia económica, osea mínimo 300 dolares o tarjetas de crédito o débito; tener una reserva de salida del país y contestar varias preguntas antes que te acepten como turista. Parece que estuvieses entrando a EEUU, y la verdad es que es Panamá (lo decimos sin desmerecer a nadie, pero siendo completamente realista). Por suerte hicimos todo rápido (tuvimos que ir a Internet a hacer una reserva por Copa de salida de Panamá), así que nos conseguimos una habitación en la única pensión del lugar, reservamos vuelo para el día siguiente, y nos fuimos a comer.

A día siguiente, miércoles, a las 9 empezamos con los trámites para subir al avión. La linea, Aeroperlas, del grupo Taca, un turbohelice para aprox 20 personas. El lugar del Check-In era la casa de vaya uno a saber quien, (donde el día anterior habíamos hecho la reserva) y lo único que hacían era poner tus datos en una hoja para que pagues al llegar a Panamá. Controlamos el peso, nada de encendedores, nada de líquidos, nada de nada. Despachamos todo lo que pudimos (fue ponerlo en un carrito que llevaron a mano hasta la "pista"), y a esperar al avión, que recién iba a aterrizar tipo 11 am.

Alrededor de las 12 salimos. Un poco de carreteo y arriba, a través del Caribe y a cruzar de este a oeste hasta el pacífico. En el vuelo, los pilotos nos regalaron unas galletitas, una gaseosa (como estábamos en los primeros asientos nos consideraron su First Class) y nos llamaban cada dos por tres para señalarnos cosas: la entrada del Canal, la ciudad, etc. (de hecho, después nos dejaron sacar unas fotos "pilotando", cuando el avión estaba en tierra y con los motores apagados). La verdad, muy buena onda. El problema vino después, en el aeropuerto.

Aterrizamos a eso de la 1pm. Lo primero que nos hicieron hacer fue pagar. (unos 85 dolares aprox) Después, a esperar en distintas salas. Revisión de equipajes, una vez, dos veces, tal vez tres. Entrar y contestar preguntas. ¿por qué viene a Panamá? ¿es su primera vez aquí? ¿a quién viene a visitar? ¿me puede mostrar su solvencia? Tuvimos que esperar a que Interpol contestara sobre nuestros datos... Así por 3 horas, con la gente de la aduana, la gente de migraciones y después con la gente de Policía Nacional. Claro que nos trataron de explicar que se hace así porque por la ruta de Puerto Obaldía ingresan muchas personas con drogas, o guerrilleros, pero la verdad que fue muy molesto e innecesario, a nuestro parecer.

Espero que nuestra experiencia pueda servir para que otros mochileros vayan más preparados a esta odisea y sobre todo armados de paciencia. La vueltita esta salio unos 180 dolares aproximadamente. No es muy económico, pero digamos que es una de las maneras más baratas de cruzar, eso si, es engorroso, cansador y sobre todo muy molesto. Pero bueno, a seguir subiendo, PAL NORTE.

Cartagena de Indias


Aún siendo uno de los puertos más importantes que tiene el país, Cartagena se las ingenia para ser una de las ciudades más bellas que recorrimos. Será por su muralla y el fuerte, o tal vez por los modernos edificios que se agrupan en Boca Grande, o probablemente por el contraste de ambos.


Su atractivo también se lo da la historia, que años atrás la convirtió en una ciudad marcada por 4 ataques piratas, y que en tiempos más cercanos se convirtió (y aún hoy sigue siéndo) en el lugar donde los traquetos tienen sus fincas. Y, por supuesto, el clima caluroso y soleado, hacen que sea el lugar que elige mucha gente para retirarse o para vivir, y que llena sus puertos de yates con banderas de todos los colores.Es una ciudad que recorrimos gracias a Carlos, Zetika, Mari, Melissa y Eliana, que nos llevaron a bailar salsa, reegaeton, merengue y otros ritmos costeños al Quiebra-Canto y a Mr. Babillas, con quienes nos sentamos de noche en la muralla, a tomar algo o simplemente a charlar, y con quienes fuimos a las mejores playas, a comer pescado y a los no tan buenos lugares de comidas rápidas de la bandera tricolor. Ademas nos invitaron a piletas y yacuzzis y nos hicieron sentir como en casa.
Cartagena también fue otra ciudad para descubrir y probar cosas: Jugos de níspero y de borojó, buñuelos rellenos de queso, cervezas de distintas marcas y dulces típicos, todo rodeado de murgas y salseros que llenaban las calles de la ciudad vieja con sus músicas. Al mejor estilo Cuba, las calles de la Ciudad Amurallada te traspontan a la vieja Habana.

En fin, Cartagena es otro de los destinos imperdibles del país de la bandera de los tres colores. Es el destino más turístico, el más caro, y uno de los más intersantes.

En busca de la Ciudad Perdida

En la región noreste de Colombia, sobre las sierras de Santa Marta existieron (y aún existen) una civilización indígena llamada Tayrona. Al mejor estilo Machu Picchu tenían una ciudad en medio de una selva impenetrable en las sierras, de acceso muy complicado lo cual garantizaba su protección.

Nuestra misión: llegar a esta Ciudad Perdida. El grupo: Mauro, Manuel y Julia + Kathy y David (la pareja de colombianos que habíamos conocido en Cali) + Walter el guía y Alberto el ayudante. El programa: 6 días en total. 3 para llegar, 1 para recorrer la ciudad y 2 para volver. Con todo preparado nos subimos a la camioneta que nos iba a subir al campamento base en el pueblo de Machete de donde arrancaría la travesia.

Hete aquí el primer problema. Subiendo, a la camioneta se le rompió la varilla (vaya uno a saber que es eso) y quedamos a mitad de camino, con lluvia, totalmente varados por una hora. Pero por suerte otra camioneta que pasaba por ahí completo el trayecto. Una vez en el campamento, las mulas cargadas, las mochilas a cuestas, las ganas intactas, un diluvio universal impidió nuestra salida. El video va a ejemplificar mejor esto.


Conversación con Walter de por medio decidimos quedarnos a dormir en Machete y salir al otro día. Pero el problema era que íbamos a tener que caminar 2 días en una jornada. Aceptamos el reto. 4 de la mañana arriba, café y un poco de pan y a caminar. Este primer tramo fue particularmente duro, pero ya empezábamos a vislumbrar las maravillas de la selva. Para que se puedan dar una idea del paisaje imaginense los locaciones de películas como Rambo, o Depredador, o momentos como en Forrest Gump cuando caminaba por Vietnam y de un segundo para otro se largaba a llover y al ratito paraba y asi, o pastizales como los de Jurasic Park en donde se escondían los velociraptors. Subidas, bajadas, tierras de todos los colores, desde un rojo intenso hasta los marrones mas extraños. En este pesado tramo, no sabemos como pero David se las ingenió para fumarse un cigarillo en una de las paradas de descanso (súmenle que este muchacho sufre de asma). No es difícil imaginarse que a partir de eso casi tuvimos que cargarlo.

También en este trayecto tuvimos nuestro primer encuentro con el cuerpo del ejercito nacional, que gentil y amistosamente hablaron con nosotros, nos dejaron usar sus teléfonos, se sacaron fotos con nosotros y nos presentaron a un personaje muy pintoresco, el agente Smith, un perro policía especialista en explosivos. Seguimos nuestro camino hasta llegar a Adán (el lugar donde supuestamente debíamos dormir). Un almuerzo rápido y a seguir. Pero un nuevo problema se nos presentó, David no podía seguir. Tras tratar de convencerlo en vano seguimos el camino con un integrante menos. Otro duro trayecto pero sin demasiados sobresaltos. Nuevos paisajes, nuevos colores, toda la paleta de verdes que sea posible imaginarse, arboles de 300 años custodiando nuestro paso, pájaros emitiendo sonidos de todo tipo, cruces con mulas, e indígenas de la zona. Un paso veloz (para dejar atrás la amenazante lluvia que nos inquietaba a cada momento) nos deposito en Gabriel, donde pasaríamos la noche durmiendo en hamacas, haciendo una especia de charla técnica para discutir la ruta de viaje del siguiente día, y comiendo una proteínica cena.


Levantados bien temprano emprendimos un nuevo día de trekking con destino Ciudad Perdida. Este era el día de mayor preocupación para Walter porque había que cruzar alrededor de 8 veces un río que había crecido mucho a causa de las intensas y sucesivas lluvias, pero las sorpresas no iban a esperar. Estábamos comiendo unas bananas en un campamento indígena cuando de pronto Kathy dice: "Esa es la mochila de David". Esta la traía un hombre local, y obviamente el pensamiento de todos no lo lograba comprender. De repente, como resucitado de entre los muertos aparece David. Pasó que al tener tiempo para pensar se dio cuenta que no podía rendirse tan fácil, por lo que contrato una mula para que lo lleve bien temprano de Adán a Gabriel y luego acelero el paso para alcanzarnos. Nuevamente el grupo estaba entero.


Todos juntos seguimos adelante en este arduo día, en el que cruzamos incontadas veces el río, en algunas ocasiones ayudados por cuerdas que atábamos de un extremo al otro de cauce del rió, otras tanta haciendo cadenas humanas para frenar la fuerza del agua. Ninguna de las veces fue fácil, y se podía notar mas que nada en las caras de las mujeres al cruzar, pero con la ayuda de todos llegamos a la base de la ciudad, 1600 escalones nos separaban de cumplir nuestro objetivo.

Subidas las escalinatas se descubrió esta asombrosa ciudad de casi 1000 años de antiguedad. Encaramos directo al campamento donde dormían todos los turistas que llegaban a la ciudad, comimos, intercambiamos historias de terror y de brujas y a dormir. A la mañana siguiente el plan era recorrer la ciudad y conocer su historia.
La primer parada fueron unas piscinas naturales, cascadas y toboganes denominadas como el Pozo de la Juventud. Aquí nos encontramos con un grupo de reclutas del servicio militar que estaban en su día libre. El recorrido cultural pasó a ser reemplazado por un día de diferentes saltos ornamentales de cascadas de casi 10 metros al grito de "Lanceroooo" (grupo comando de las fuerzas especiales del ejercito de Colombia) junto con todos los muchachos que no nos permitían acobardarnos ante ningún reto. Luego intercambio de regalos, lecciones de como usar un fusil, fotos camuflados (mejor dicho embarrados). Por la tarde pasamos por su campamento nos sometieron a diferentes pruebas, como cargar todo el equipo (incluido el mortero y sus cartuchos) y ¡Parapetarseeeee! y hasta algunas quisieron enseñarle a bailar champeta a Manuel. Fue un día de esparcimiento y relax para poder descansar para emprender la vuelta.
Los 2 días de retorno no tuvieron demasiados sobresaltos, mas que Julia quejandose casi al borde de las lágrimas, con gran puchero, por nuestro paso muy rapido para su gusto. Mas que nada fue el esfuerzo de volver y no tener ninguna otra motivación que la de dejar de caminar. El primer día fue directo a Adán (paramos a comer en Gabriel para comer nomas) y el segundo ya estábamos de vuelta.

Podemos decir que Ciudad Perdida fue una experiencia única en nuestras vidas en la cual nos propusimos superarnos y hacer cosas a las cuales no estamos acostumbrados. Caminamos como nunca, potabilizamos agua del río para poder tomarla, comimos frutas que íbamos encontrando en el camino, caminamos bajo intensas lluvias, saltamos desde rocas altísimas sin saber a donde íbamos a caer y muchisimas cosas más.

Se podría compara este escenario al que el Che soporto por casi 3 años junto a sus compañeros en la Sierra Maestra de Cuba y ahora podemos entender un poco más los diarios de campaña, y todos los males y pesares que sufrieron día tras día. No nos quedan mas que palabras de admiración para con ellos.