En la región noreste de Colombia, sobre las sierras de Santa Marta existieron (y aún existen) una civilización indígena llamada Tayrona. Al mejor estilo Machu Picchu tenían una ciudad en medio de una selva impenetrable en las sierras, de acceso muy complicado lo cual garantizaba su protección.
Nuestra misión: llegar a esta Ciudad Perdida. El grupo: Mauro, Manuel y Julia + Kathy y David (la pareja de colombianos que habíamos conocido en Cali) + Walter el guía y Alberto el ayudante. El programa: 6 días en total. 3 para llegar, 1 para recorrer la ciudad y 2 para volver. Con todo preparado nos subimos a la camioneta que nos iba a subir al campamento base en el pueblo de Machete de donde arrancaría la travesia.
Hete aquí el primer problema. Subiendo, a la camioneta se le rompió la varilla (vaya uno a saber que es eso) y quedamos a mitad de camino, con lluvia, totalmente varados por una hora. Pero por suerte otra camioneta que pasaba por ahí completo el trayecto. Una vez en el campamento, las mulas cargadas, las mochilas a cuestas, las ganas intactas, un diluvio universal impidió nuestra salida. El video va a ejemplificar mejor esto.
Conversación con Walter de por medio decidimos quedarnos a dormir en Machete y salir al otro día. Pero el problema era que íbamos a tener que caminar 2 días en una jornada. Aceptamos el reto. 4 de la mañana arriba, café y un poco de pan y a caminar. Este primer tramo fue particularmente duro, pero ya empezábamos a vislumbrar las maravillas de la selva. Para que se puedan dar una idea del paisaje imaginense los locaciones de películas como Rambo, o Depredador, o momentos como en Forrest Gump cuando caminaba por Vietnam y de un segundo para otro se largaba a llover y al ratito paraba y asi, o pastizales como los de Jurasic Park en donde se escondían los velociraptors. Subidas, bajadas, tierras de todos los colores, desde un rojo intenso hasta los marrones mas extraños. En este pesado tramo, no sabemos como pero David se las ingenió para fumarse un cigarillo en una de las paradas de descanso (súmenle que este muchacho sufre de asma). No es difícil imaginarse que a partir de eso casi tuvimos que cargarlo.

También en este trayecto tuvimos nuestro primer encuentro con el cuerpo del ejercito nacional, que gentil y amistosamente hablaron con nosotros, nos dejaron usar sus teléfonos, se sacaron fotos con nosotros y nos presentaron a un personaje muy pintoresco, el agente Smith, un perro policía especialista en explosivos. Seguimos nuestro camino hasta llegar a Adán (el lugar donde supuestamente debíamos dormir). Un almuerzo rápido y a seguir. Pero un nuevo problema se nos presentó, David no podía seguir. Tras tratar de convencerlo en vano seguimos el camino con un integrante menos. Otro duro trayecto pero sin demasiados sobresaltos. Nuevos paisajes, nuevos colores, toda la paleta de verdes que sea posible imaginarse, arboles de 300 años custodiando nuestro paso, pájaros emitiendo sonidos de todo tipo, cruces con mulas, e indígenas de la zona. Un paso veloz (para dejar atrás la amenazante lluvia que nos inquietaba a cada momento) nos deposito en Gabriel, donde pasaríamos la noche durmiendo en hamacas, haciendo una especia de charla técnica para discutir la ruta de viaje del siguiente día, y comiendo una proteínica cena.

Levantados bien temprano emprendimos un nuevo día de trekking con destino Ciudad Perdida. Este era el día de mayor preocupación para Walter porque había que cruzar alrededor de 8 veces un río que había crecido mucho a causa de las intensas y sucesivas lluvias, pero las sorpresas no iban a esperar. Estábamos comiendo unas bananas en un campamento indígena cuando de pronto Kathy dice: "Esa es la mochila de David". Esta la traía un hombre local, y obviamente el pensamiento de todos no lo lograba comprender. De repente, como resucitado de entre los muertos aparece David. Pasó que al tener tiempo para pensar se dio cuenta que no podía rendirse tan fácil, por lo que contrato una mula para que lo lleve bien temprano de Adán a Gabriel y luego acelero el paso para alcanzarnos. Nuevamente el grupo estaba entero.

Todos juntos seguimos adelante en este arduo día, en el que cruzamos incontadas veces el río, en algunas ocasiones ayudados por cuerdas que atábamos de un extremo al otro de cauce del rió, otras tanta haciendo cadenas humanas para frenar la fuerza del agua. Ninguna de las veces fue fácil, y se podía notar mas que nada en las caras de las mujeres al cruzar, pero con la ayuda de todos llegamos a la base de la ciudad, 1600 escalones nos separaban de cumplir nuestro objetivo.
Subidas las escalinatas se descubrió esta asombrosa ciudad de casi 1000 años de antiguedad. Encaramos directo al campamento donde dormían todos los turistas que llegaban a la ciudad, comimos, intercambiamos historias de terror y de brujas y a dormir. A la mañana siguiente el plan era recorrer la ciudad y conocer su historia.

La primer parada fueron unas piscinas naturales, cascadas y toboganes denominadas como el Pozo de la Juventud. Aquí nos encontramos con un grupo de reclutas del servicio militar que estaban en su día libre. El recorrido cultural pasó a ser reemplazado por un día de diferentes saltos ornamentales de cascadas de casi 10 metros al grito de "Lanceroooo" (grupo comando de las fuerzas especiales del ejercito de Colombia) junto con todos los muchachos que no nos permitían acobardarnos ante ningún reto. Luego intercambio de regalos, lecciones de como usar un fusil, fotos camuflados (mejor dicho embarrados). Por la tarde pasamos por su campamento nos sometieron a diferentes pruebas, como cargar todo el equipo (incluido el mortero y sus cartuchos) y ¡Parapetarseeeee! y hasta algunas quisieron enseñarle a bailar champeta a Manuel. Fue un día de esparcimiento y relax para poder descansar para emprender la vuelta.

Los 2 días de retorno no tuvieron demasiados sobresaltos, mas que Julia quejandose casi al borde de las lágrimas, con gran puchero, por nuestro paso muy rapido para su gusto. Mas que nada fue el esfuerzo de volver y no tener ninguna otra motivación que la de dejar de caminar. El primer día fue directo a Adán (paramos a comer en Gabriel para comer nomas) y el segundo ya estábamos de vuelta.
Podemos decir que Ciudad Perdida fue una experiencia única en nuestras vidas en la cual nos propusimos superarnos y hacer cosas a las cuales no estamos acostumbrados. Caminamos como nunca, potabilizamos agua del río para poder tomarla, comimos frutas que íbamos encontrando en el camino, caminamos bajo intensas lluvias, saltamos desde rocas altísimas sin saber a donde íbamos a caer y muchisimas cosas más.
Se podría compara este escenario al que el Che soporto por casi 3 años junto a sus compañeros en la Sierra Maestra de Cuba y ahora podemos entender un poco más los diarios de campaña, y todos los males y pesares que sufrieron día tras día. No nos quedan mas que palabras de admiración para con ellos.