Cahuita, el caribe tico... la salida de Panamá y llegada a Costa Rica, como era de esperar, no fue sencilla: una lancha, una camioneta, cruzar un puente caminando, migraciones (conseguir una reserva de salida del país, incluído, claro) y otro bus, hicieron que el trámite sea de unas 8 horas aproximadamente, sin embargo, Cahuita bien lo vale. Es un pueblo tranquilo y pequeño, opacado por sus vecinos Puerto Limón y Puerto Viejo. También es donde se encuentra uno de los tantos parques nacionales ticos (asi que se pueden ver monos y otros animales desde la playa). Y, si bien no hicimos mucho, ya que nos llovió tres de los cuatro días que nos quedamos, aprovechamos para descansar, leer y jugar a las cartas. Como conseguimos una cabañita, pudimos cocinar y comer rico y sano, y por la noche tomar un poco de ron y dar una vuelta por el pueblo (donde había una feria con breakdance, reagge y autitos chocones).
No hay mucho más para contar de Cahuita. Pero es un lindo y tranquilo destino para conocer y relajarse.

Monteverde, en el medio de Costa Rica es aventura. Eso es Monteverde. Y adrenalina. El viaje es largo, y comenzó en San José (donde pasamos solamente una noche). Lo que impacta del paisaje es lo verde que es todo... Tal vez por eso es que Costa Rica es Pura Vida (cosa que oímos en varias ocasiones, y en los más diversos sentidos posibles). Selva, árboles y más selva, parte por asfalto, parte por caminos de tierra.
Una vez allí, instalados en un hotel en medio del pueblo y ya habiendo comido, salimos a recorrer. Nos encontramos nuevamente con las holandesas, Linda y Laura. Ellas iban a tomar el tour de canopy (tirolesa) al día siguiente, asi que nos acoplamos con ellas. Pero para eso falta... Fuimos al único bar que estaba abierto, y para nuestra sorpresa, era noche de karaoke. Pero no era un karaoke típico, sino que era un hombre, un mariachi, el que cantaba rancheras y canciones mexicanas. Después de unas cervezas, todo el mundo bailaba. Reaggeton, salsa, merengue, bachata, rancheras y demás... Pero, como todo bar en Costa Rica, cerca de las 2am cerró.
Al día siguiente nos levantamos y nos preparamos para el canopy, una de las actividades más representativas de Monteverde (son varias las empresas que ofrecen el tour, y se realiza en distintas partes del bosque de los alrededores). También se pueden hacer tours a caballo o en cuatricíclos, caminatas y demás.
Camioneta de por medio, y junto con las holandesas y un grupo de amigos de ellas llegamos al lugar. Preparación, equipos y explicación (en castellano o en inglés, ya que la mayor parte del turismo es, obviamente, angloparlante) nos mandamos a las plataformas.
El último, obviamente, es hacer un salto al estilo Tarzán, pero con una soga y muy atado. Y es una de las actividades más intensas que hemos realizado en este viaje, ya que se salta de una plataforma de 12 metros, y se llega a una altura máxima de 60 mts cuando la soga está completamente extendida. Como la sensación es tan fuerte, es difícil de transmitir. Creemos que éstas fotos van a ser bastante elocuentes.
Terminado el tour, volvimos al hotel. Y descansamos un poco de tantas emociones. Al día siguiente, al no haber mucho más para hacer, nos fuimos para la playa. Pero eso ya es otro post, es otra historia...

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