Todo el mundo conoce Cuzco, o por lo menos la nombro escuchar, y a su atracción más conocida Machu Picchu. Pero como es nuestra costumbre no nos gusta ahondar en arquitecturas, o describir paisajes vistos tantísimas veces en fotos, siempre nuestra intención pasa por trasladarlos a las calles donde camina gente, donde se escuchan voces y se huelen aromas. Y como siempre nos interesa que a través de lo que escribimos puedan entender un poco mas las culturas latino americanas.
No se puede entender una ciudad que haya sido colonia española sin su Plaza de Armas, pero la de Cuzco es una especia de triángulo de las Bermudas turístico, siempre por alguna razón terminas ahí. Y todo gira en torno a eso, las agencias de turismo, las casas de cambio, restaurantes, pero sobre todo, vendedores de droga. Realmente nos llamó la atención con la impunidad que se manejan bajo las narices de las 4 o 5 diferentes tipos de policías que conviven en Cuzco. Por día (y siendo argentinos, al son del "Maradona") nos debían ofrecer 6 drogas diferentes 10 dealers distintos. Al final del día se tornaba un poco pesado, pero nada que opaque la magnificencia de la ciudad.
No solo es el Qosqo lo magnifico de la zona. Este forma parte de un Valle Sagrado (de los Inkas) que complementan un montón de otras zonas arqueológicas entre ciudades sepultadas por otras ciudades españolas, ruinas y mercados de artesanías que hacen del valle una mezcla entre el misticismo inka, con toques de la cultura colonizadora (mejor dicho esclavizadora) española imposible de dejar de visitar.

Pero volviendo a la ciudad de Cuzco en sí no podemos olvidar aquellos pasajes de adoquin, esos balcones antiguos que decían "buenos días", esos barcitos en los que comías por 5 pesos, el Mercado Central, con sus comidas y su tan espiritual San Pedro, los museos, las tardes leyendo en la Plaza de Armas, los taxis Tico tratándonos de asesinarnos todos los días con su manejo despreocupado, los israelitas poblando la ciudad cual si fuera una comunidad judía, pero sin duda el Uptown merece un párrafo aparte.
Todo comenzó el primer día que llegamos a Cuzco, sentados en la Plaza de Armas se acerco un joven que nos invitó a bailar salsa a un bolichin a las 9.30. Sin planes aparentes accedimos ir. Ese fue el comienzo de la odisea de salsa, rueda de casino y todo lo que puedan imaginarse ya que tipo 12 caía el batallón de extranjeros (la mitad israelitas) y la música se transformaba al Hip Hip y ritmos en hebreo. Pero no podemos dejar de nombrar a John, Charly y Angela, los 3 instructores de Uptown, que lograron hacer de nuestras noches algo diferente, divertido y ajeno a lo turístico. Después de ese día, todas nuestras noches comenzaban en ese lugar, 9.30 clavados ahí, habiendo comido o no, con una pierna menos o con triquinosis siempre ahí, hasta las 11 cuando sonaba la música brasileña que cerraba la clase.

Machu Picchu es mucho más que una ciudadela perdida y encontrada por un gringo, rodeada por un río y a los pies de dos montañas, Machu y Huayna Picchu. Es un viaje cultural. Un viaje en el tiempo, si se quiere. Un viaje que requiere coraje y ganas. Y mucha, pero mucha resistencia.
Su forma y ubicación sorprenden, dejan sin aliento. Así como también dejan sin aliento sus empinadas escaleras e incontables andenes. El trabajo realizado por los incas deja sin aliento, y la forma en que abandonaron y escondieron la ciudad para protegerla de los españoles, también. El tallado de las piedras con las que está construído, la distribución de las distintas casas y construcciones, la adoración al Sol, al Cóndor, al Puma y a la Serpiente... La distribución del trabajo, la participación de todos en un proyecto común, los conocimientos médicos, en agricultura y astronomía. Todo...
Sin embargo, lo mejor del viaje no es el Machu Picchu. Claramente es impresionante y no se puede describir con palabras. Pero saber que hay cosas -y no pocas- que se mantienen aún hoy día... Saber que todavía hay hojas de coca esparcidas por toda la ciudadela como ofrendas, saber que agosto es el mes en el que se le ofrenda a la Pachamama (porque es cuando hace más tiempo que hay sequía, y la Tierra tiene hambre), saber que hay lugares en los que todavía se vive según las normas (no legales, sino de convivencia) que hicieron de los Incas la civilización aborigen más importante de América del Sur.
En fin, Machu Picchu es un viaje que empieza mucho antes de que te marquen el ticket y te den la bienvenida. Y termina mucho después. Si es que termina...