miércoles, 21 de mayo de 2008

Huacachina, el Oasis peruano + Lima, La Gris, y Julia, nuestro tercer mosquetero

Huacachina, ubicado en la región de Ica, a unas 4 horas de Lima, nos recibió con un sol radiante y un clima más que agradable, sobre todo porque dejamos atrás el frío de altura de Cusco y todo lo que veníamos recorriendo.


Podemos describir este pueblo como un oasis en medio de un desierto, aunque ahora es medio natural y medio artificial (el terremoto de 2007 lo lastimó bastante), en el que todo se ubica a su alrededor. Los hoteles y hostels, restaurantes, agencias y casas. El oasis es la fuente de vida. Es un lugar para relajarse, disfrutar del sol, de la pileta, que casi todos los hostels tienen. Al ritmo de Panamericana, la radio que pasó a ser la de cabecera, cumbia, salsa, latinazos, todos los elementos para pasarla bien. Muchos nuevos amigos, y otros que venimos cruzando en el camino alrededor de una pileta que de día parecía la ONU, por la cantidad de países rodeando el círculo.


Y es un lugar para andar en buggie. La travesía por los médanos es increíble, trepando paredes de arena, saltando al vacío otras tantas veces, al estilo montaña rusa. Para terminar, una sesión de sandboard (que no es tan divertido como suena). En fin, Huacachina nos recibió y nos devolvió la energía y el calor.


Lima, la capital del Perú, estaba completamente revuelta cuando llegamos. La cumbre de ALC UE (América Latina y la Unión Europea) se había encargado de hacer imposible el tráfico por la ciudad, y la muchedumbre en la Plaza Central y en el Parque Kennedy también aportó lo suyo.

Con Julia ya abordo, ubicados y bañados, salimos a recorrer la noche limeña, acompañados de unas amigas del lugar. Nos llevaron a recorrer unos bares, unos restaurantes y, al día siguiente, a la parte vieja de la ciudad. Todo bajo un cielo completamente gris y húmedo, y una permanente especie de garúa (que, según dicen, es habitual en esta ciudad, que solamente se deja ver por el sol en los meses de verano, y que, según unas inglesas, es igual que en Londres). Y con una terrible paranoia de nuestras guías a ser robados. Pero también probamos uno de los pisco sours "más ricos del mundo", como son conocidos, comimos en Kentuky Fried Chiken, y tomamos un muy rico té inglés a las 6 de la mañana, cuando volvimos de bailar.

Lima, no la conocimos en profundidad. Pero tampoco nos quedamos con ganas.

Qosqo y Machu Picchu

Todo el mundo conoce Cuzco, o por lo menos la nombro escuchar, y a su atracción más conocida Machu Picchu. Pero como es nuestra costumbre no nos gusta ahondar en arquitecturas, o describir paisajes vistos tantísimas veces en fotos, siempre nuestra intención pasa por trasladarlos a las calles donde camina gente, donde se escuchan voces y se huelen aromas. Y como siempre nos interesa que a través de lo que escribimos puedan entender un poco mas las culturas latino americanas.

No se puede entender una ciudad que haya sido colonia española sin su Plaza de Armas, pero la de Cuzco es una especia de triángulo de las Bermudas turístico, siempre por alguna razón terminas ahí. Y todo gira en torno a eso, las agencias de turismo, las casas de cambio, restaurantes, pero sobre todo, vendedores de droga. Realmente nos llamó la atención con la impunidad que se manejan bajo las narices de las 4 o 5 diferentes tipos de policías que conviven en Cuzco. Por día (y siendo argentinos, al son del "Maradona") nos debían ofrecer 6 drogas diferentes 10 dealers distintos. Al final del día se tornaba un poco pesado, pero nada que opaque la magnificencia de la ciudad.

No solo es el Qosqo lo magnifico de la zona. Este forma parte de un Valle Sagrado (de los Inkas) que complementan un montón de otras zonas arqueológicas entre ciudades sepultadas por otras ciudades españolas, ruinas y mercados de artesanías que hacen del valle una mezcla entre el misticismo inka, con toques de la cultura colonizadora (mejor dicho esclavizadora) española imposible de dejar de visitar.


Pero volviendo a la ciudad de Cuzco en sí no podemos olvidar aquellos pasajes de adoquin, esos balcones antiguos que decían "buenos días", esos barcitos en los que comías por 5 pesos, el Mercado Central, con sus comidas y su tan espiritual San Pedro, los museos, las tardes leyendo en la Plaza de Armas, los taxis Tico tratándonos de asesinarnos todos los días con su manejo despreocupado, los israelitas poblando la ciudad cual si fuera una comunidad judía, pero sin duda el Uptown merece un párrafo aparte.

Todo comenzó el primer día que llegamos a Cuzco, sentados en la Plaza de Armas se acerco un joven que nos invitó a bailar salsa a un bolichin a las 9.30. Sin planes aparentes accedimos ir. Ese fue el comienzo de la odisea de salsa, rueda de casino y todo lo que puedan imaginarse ya que tipo 12 caía el batallón de extranjeros (la mitad israelitas) y la música se transformaba al Hip Hip y ritmos en hebreo. Pero no podemos dejar de nombrar a John, Charly y Angela, los 3 instructores de Uptown, que lograron hacer de nuestras noches algo diferente, divertido y ajeno a lo turístico. Después de ese día, todas nuestras noches comenzaban en ese lugar, 9.30 clavados ahí, habiendo comido o no, con una pierna menos o con triquinosis siempre ahí, hasta las 11 cuando sonaba la música brasileña que cerraba la clase.


Machu Picchu es mucho más que una ciudadela perdida y encontrada por un gringo, rodeada por un río y a los pies de dos montañas, Machu y Huayna Picchu. Es un viaje cultural. Un viaje en el tiempo, si se quiere. Un viaje que requiere coraje y ganas. Y mucha, pero mucha resistencia.

Su forma y ubicación sorprenden, dejan sin aliento. Así como también dejan sin aliento sus empinadas escaleras e incontables andenes. El trabajo realizado por los incas deja sin aliento, y la forma en que abandonaron y escondieron la ciudad para protegerla de los españoles, también. El tallado de las piedras con las que está construído, la distribución de las distintas casas y construcciones, la adoración al Sol, al Cóndor, al Puma y a la Serpiente... La distribución del trabajo, la participación de todos en un proyecto común, los conocimientos médicos, en agricultura y astronomía. Todo...

Sin embargo, lo mejor del viaje no es el Machu Picchu. Claramente es impresionante y no se puede describir con palabras. Pero saber que hay cosas -y no pocas- que se mantienen aún hoy día... Saber que todavía hay hojas de coca esparcidas por toda la ciudadela como ofrendas, saber que agosto es el mes en el que se le ofrenda a la Pachamama (porque es cuando hace más tiempo que hay sequía, y la Tierra tiene hambre), saber que hay lugares en los que todavía se vive según las normas (no legales, sino de convivencia) que hicieron de los Incas la civilización aborigen más importante de América del Sur.

En fin, Machu Picchu es un viaje que empieza mucho antes de que te marquen el ticket y te den la bienvenida. Y termina mucho después. Si es que termina...

viernes, 2 de mayo de 2008

Copacabana y la Isla del Sol


Lo primero que se vé cuando se está llegando a Copacabana es la Iglesia. Las cúpulas arañan el cielo, y obligan al Cerro Calvario a pelear por su importancia. Es un pueblo muy chico, lleno de pescadores y artesanos (de hecho, es un pueblo donde muchos hippies deciden quedarse, y son muy felices con poco, pero viviendo a orillas del lago). Es un pueblo perfecto para conocer gente, para comer truchas y para descansar leyendo un buen libro.

Y nosotros hicimos de todo un poco: Lo primero fue conocer a unas danesas muy buena onda, que andaban viajando con un amigo, el israelí Sahar. Navegar un bote a vela, andar en motos por el pueblo (claramente, las motos eran las peores), subir al Cerro y ver el atardecer, jugar a las cartas y tomar fernet en un bar -hippie- que hay. En fin, Copacabana es un destino increíble e imperdible, que no se puede dejar de visitar.


A una hora y media de lancha y mucho, pero mucho frío, se encuentra la Isla del Sol, una de las islas más importantes para los Incas y para los indios que habitaban esa zona antes que ellos, los Tiwanaku. Junto con la Isla de la Luna, son lugares que fueron cuna de los Incas y también lecho de muerte, a mano de los conquitadores. La Isla tiene alrededor de 3000 habitantes en total, 600 de ellos en la parte norte, donde nosotros nos quedamos. Lo que no se puede dejar de hacer: fascinarse por el paisaje y la calma, quedarse a dormir para apreciar el silencio -solamente interrumpido por el oleaje del lago-, tirarse en la playa de noche y perderse en el cielo (uno de los más brillantes que hayamos visto), charlar con la gente de la isla.

Otro destino increíble e imperdible, más alejado de la civilización, ésta vez en un lugar que todavía es considerado sagrado por mucha, mucha gente.

En busca de Paz

“Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria: hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos ha mirado como a esclavos: hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el merito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de humillación y ruina. Ya es tiempo pues de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad como favorable al orgullo nacional español. Ya es tiempo de organizar nuevo de gobierno fundadores los intereses de nuestra patria altamente deprimida por la bastarda política de Madrid. Ya es tiempo de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias adquiridas sin el menor título y conservada con la mayor injusticia y tiranía. Valerosos habitantes de La Paz, de todo el Imperio del Perú. Revelados vuestros proyectos para la ejecución, aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miren con desden la felicidad de nuestro suelo, no perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.”

Con estas palabras se puede describir un poco lo que sufrió el pueblo de Bolivia, como todo Latinoamérica la opresión española. La principal diferencia es que en Bolivia hoy quedan demasiadas secuelas de aquel colonialismo, y en La Paz se ve mucho. Como ya vimos en Potosí. Esperamos que nunca vuelva a pasar y movámonos para que nadie pueda nuevamente gobernar nuestras tierras latinoamericanas.


En lo que respecta a nuestra estadía en La Paz, fue muy agradable. Conocimos mucha gente, la mayoría como a lo largo de este viaje, israelitas. Es mas, hay una especie de bolichin que emula al Hard Rock que estaba muy bueno, pero el 97% de los que presentes eran de Israel. Nos hicimos asiduos visitantes de este lugar. En un momento nos vimos todos abrazados haciendo que cantábamos en hebreo, muy loco pero muy divertido. Pero para aliviar un poco el acento, conocimos unas amigas holandesas con las que hicimos Valle de la Luna, cocinamos unos tacos muy improvisados y hasta fuimos a comer a un restaurante cubano en el medio de La Paz, y terminamos bailando salsa.



¿Se podría decir que ya tenemos casa en Ámsterdam y que este viaje no se limita solo a América? Es una variable que manejamos a medida que vamos conociendo gente de todo el tiempo, siempre muy hospitalaria y abierta, y que te dan ganas de explorar el mundo, y comparar culturas, formas vidas, tradiciones. Lamentablemente nadie nos paga por viajar, así que todo se reduce a los costos, y para hacer de esto algo mundial, seria algo que debería plantearse de otra manera. Es muy pronto para sacar alguna conclusión, o algún plan a futuro.

Potosí, Cerro Hueco (ex Cerro Rico)

La llegada fue a la tarde, y la primera impresión no fue buena: Caos de tránsito, basura, gente caminando y vendiendo por todos lados. Taxi mediante, nos llevó a un hostel en la parte colonial, y todo pareció cambiar (aunque las bocinas suenan en cada bocacalle) Casonas españolas, callecitas adoquinadas, veredas que debían haber sido egipcias por lo angostas... En fin, vestigios de una ciudad que en su momento fue el centro económico de España.

Pero el asombro y gusto que teníamos por esa ciudad fue aplacado con igual intensidad por las terribles noticias de cómo fue construida, cómo se extirpó la plata del Cerro Rico para dejarlo como está hoy, Hueco, luego de 463 años de explotación y sustento de otros pueblos. Lo peor fue ir a las minas: Túneles oscuros y húmedos, llenos de sangre vieja y olor a minerales que todavía se extraen. Ver que las mujeres y los chicos trabajan a la par de los hombres (son casi 15000 quienes trabajan en las minas).

Ahora sabemos que en la Casa de la Moneda se llevaron máquinas desde España para la acuñación de monedas, máquinas de sangre; a veces sangre de mulas, a veces sangre de hombres, a veces sangre de esclavos negros traídos desde Europa para trabajar (quienes no podían soportar el frío de la mina y que eran enviados a la ciudad, a trabajar en hornos que llegaban a 960º, la temperatura donde se funde la plata).

Ahora sabemos que se extrajo tanta plata del Cerro como para hacer un puente que una Potosí con España. Ahora sabemos que se perdieron tantas vidas como para hacer dos puentes que unan Potosí con España. Ahora sabemos.

Potosí, un destino obligado en Bolivia. Un destino donde pudimos ver el esplendor de antaño, conocer cómo se logro dicho esplendor, y al mismo tiempo comprar y explotar dinamita por 10 bolivianos (digamos, un dólar y monedas).