viernes, 27 de junio de 2008

Canoa, Esmeraldas y Atacames (la ruta del sol)


Después de Montañita, seguimos con las playas ecuatorianas. Y el paso fue Canoa, una playa muy linda, larga y solitaria, excepto por algunos pocos locales y varios surfers de alrededor del mundo. Es una playa llena de barquitos pescadores, que para salir del agua necesitan de gente y troncos que los deslizan hasta su cama de arena.

Canoa fue descanso, relax. Y también fue pescado y mariscos. Probamos unos camarones jumbo, enormes, preparados al ajillo por la dueña del hostal donde nos hospedábamos. También fue jugar a las cartas y reírnos con nuestras compañeras danesas, María y Paulina, hablando sobre poner negocios latinoamericanos en Dinamarca, dar clases de español y hasta de abrir un bar.

El paso siguiente a Canoa, después de varias horas de bus, fue Esmeraldas, una ciudad casi exclusivamente de negros en el norte de Ecuador, y probablemente la más peligrosa. Por eso es que solamente pasamos una noche, en la que salimos a tomar algo y bailar a la noche.

Atacames, ubicado a unos 30 km de Esmeraldas, fue todo lo contrario. Tal vez porque nos hicimos amigos de "los dueños de la playa", como se decían ellos. Bin Laden, William, Romario, Jorgito y varios más.

Fútbol, fútbol americano, surf y un poco de deslizador en la orilla fueron algunas de las actividades que hicimos. De noche, la larga y poblada playa se transformaba: luces de colores, música y cerveza. Fiesta. Salsa, reggaeton, bachata. Con un arengador que gritaba, cantaba y a cada rato le mandaba saludos a los "che, boludos". Después, fogón.

Una de las cosas más interesantes de Atacames fue ver el partido de fútbol de Argentina - Ecuador, rodeado de 50 ecuatorianos - ni falta hace decir que nosotros éramos tres más entre todos-. Todo acompañado, como se debe, de cerveza bien fría.

En fin, Atacames fue mucho más que una playa. Fue encontrar nuevos amigos. Fue aprender nuevos pasos. Fue tan divertido, que no nos queríamos ir...

martes, 17 de junio de 2008

Montañita (se vive de noche y se surfea de día)

Montañita tal vez no es la playa más linda que hayamos visto. No tiene las mejores olas del mundo, ni mucho menos es un lugar súper exclusivo donde veranean las estrellas de Hollywood. Lo que sí tiene Montañita es una "tremenda farra", como le dicen los ecuatorianos.
Está ubicada a unas horas de Guayaquil, lo que la hace perfecta para que los fines de semana se inunde de gente. Y no solamente de guayaquileños, sino que hay gente de todos lados del mundo, algunos atraídos por el surf (que se practica a lo largo de toda la Ruta del Sol, que une a todas las playas de sur a norte), algunos de paso hacia otra playa, y muchos que llegaron y nunca se fueron. Y se podría decir que a nosotros nos pasó lo mismo, ya que fuimos a pasar un fin de semana, pero el fin de semana siguiente ahí estábamos otra vez.
Barcitos con tragos a 1.5 dólares invitan a que la noche empiece temprano. Más tarde, las puertas del Cañas Grill (el bolichin de Montañita) abre las puertas y da lugar a una banda que toca (y muy bien) varios temas, entre ellos algunos éxitos argentinos. Y después, a bailar: salsa, reggaeton, latino. Todo acompañado de unas buenas chelas, porque suele hacer bastante calor.
Sin embargo, no podemos dejar de lado a la gente que nos acompañó a Montañita, nuestras amigas de Guayaquil: Eileen, Adriana (que festejó su cumpleaños allá, con nosotros), La Negra, Gabriela, Alejandra, Pao. Y a las que no pudieron ir también: Gaby y Chechi. Y ni hablar de nuestra acompañante por el Ecuador, la israelí Roni, ni de las danesas que habíamos conocido en Copacabana y volvimos a encontrarnos ahí, Paulina y María...
En fin, un equipazo. Junto a ellas nos ganamos una botella de ron ya que, claramente, éramos el grupo más ruidoso y entretenido. También comimos corviche, ceviche y empanadas colombianas; intercambiamos chistes y nos metimos al mar. Así que a todas ellas queremos saludar y agradecer en este post: Gracias, Montañita. Gracias, chicas.

lunes, 16 de junio de 2008

Perdón y Gracias

Anteriormente habíamos cometido el error de poner como opción que solo usuarios registrados puedan dejar comentarios. Actualmente cualquiera puede hacerlo. Por eso nos encantaría que nos escriban y nos hagan saber que piensan, ya que mucha gente nos dijo que nos leía pero realmente no sabemos y nos interesa mucho. Muchísimas gracias

viernes, 6 de junio de 2008

Guayaquil y Cuenca

La historia nos cuenta de un encuentro entre los considerados padres de América en una ciudad ecuatoriana llamada Guayaquil. Simón Bolívar y José de San Martín se estrecharon la mano simbólicamente sembrando las bases de la liberación de nuestras tierras que en ese entonces habían sido explotadas por los españoles. Bolívar con su Gran Colombia y San Martín desde el sur dieron comienzo a un sueño que nunca pudo ser completado. Ya lo soñaron muchos, entre ellos el ""Che" (que aprovechamos para celebrar junto a todos el 80 aniversario de su nacimiento) una América Latina unida con intereses comunes.
Hasta ese punto llegamos. Donde dos boludos se dieron la mano, sin demasiada significancia a nivel mundial pero si a nivel personal. Guayaquil fue una ciudad muy querida por nosotros, donde dejamos muchos amigos/as, donde recorrimos mucho, visitamos mucho, pero por sobre todo, conocimos mas del pueblo ecuatoriano.
Otra ciudad donde pudimos conocer diferentes clases sociales, diferentes nacionalidades y darnos cuenta que el principal problema no solo reside en la política, sino en el resentimiento que generan las divisiones sociales. Conocimos gente de mucha plata que odiaba a los pobres, o a los negros. Es muy difícil ver razas juntas, es decir un moreno con un blanco. Pero todo esto esa dado por la plata, pero no es diferente a muchisimas ciudades de nuestra querida América, donde las secuelas del colonialismo siguen haciendo estragos.
Mas allá de todo esto, la ciudad es muy linda. Con infinidades de monumentos, plazas, parques, un Malecon totalmente renovado, calles limpias, autopistas, es decir una ciudad muy yankiee. La única contra es el caos del transito y la insoportable mezcla de calor y humedad.
Además hicimos cosas interesantes. Cangrejadas, noches en Recoleta (un bar de argentinos) en donde pudimos deleitarnos con la frescura de unos ricos Fernets (que boludas las plantas, se conforman con agua) bailar temazos de nuestro país mezclados con reggaeton, salsa, merengue, bachata y hasta electrónica.
Pero una de las actividades mas divertidas fue el asado en lo de Pao. Con la preparación del asado a nuestras espaldas hicimos un buen asado para un buen grupo de personas que conocíamos y que fuimos conociendo, una mezcla total. Entre ellos estábamos nosotros, amigas de ecuador, amigas de Israel, amigos de ni se donde. la frutillita del postre fue cuando nos enteramos que en la casa había un karaoke. ¡Pero como cantamos! En un momento nos sentimos Vilva Palma, o Luis Miguel, un espectáculo.
Nos atrapó tanto Guayaquil que fuimos y volvimos. Entre medio visitamos Cuenca.
La realidad es que fue una ciudad de paso. Nuestra estadía no fue muy prolongada. Pero tuvimos buenos momentos. Una ciudad muy colonial, con un río que la cruza y forma un paisaje único y con callecitas que suben y bajan. Museos, iglesias, mucha juventud y un clima serrano.
Entre todos estos elementos, recorrimos casi dos días esta ciudad. Y en el medio nos encontramos con el partido de Boca - Fluminense, y una noche de salsa en el único bolichin abierto de la ciudad en el que nuestros dotes empezaron a mejorar.
Cuenca es una ciudad para recomendar, pero para ir en época de festivales o fines de semana. Dicen que la ciudad se transforma.

Trujillo, Huanchaco y Máncora... El Norte del Perú

Trujillo es una de las ciudades más grandes e importantes del Perú; es una mezcla de construcciones coloniales, de calles de adoquines y de un clima mucho más cálido. También es gente, ruido, bocinas, buses que vuelan gritando sus recorridos, taxis y ferias en las que se puede encontrar de todo por poca plata. Tuvimos la suerte de estar por ahí en la fecha del Corpus Cristi, y ver como vive la gente esta fecha. Es una fiesta religiosa a todo trapo, donde la gente parece renovar su fe, pero a la vez se divierte y pasa el rato, para nosotros fue una celebración curiosa pero fue un momento entretenido.

A quince minutos de la ciudad hay un pueblito pesquero y surfista llamado Huanchaco, y que es prácticamente todo lo contrario a Trujillo: tranquilidad, paz, silencio, buenas olas y comida de mar. Es un pueblo en el que los pescadores se lanzan a las aguas en sus canoas hechas de totoras (parecidas a las canoas que se usan en Los Uros, en las frías aguas del Titicaca). Y es también el lugar donde se realiza la fecha peruana de la serie mundial de surf de Reef.

Entre Trujillo y Huanchaco, sin embargo, hay una cosa que nada tiene que ver con el surf, ni con las ferias, ni nada de eso: Es Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América. Una imponente construcción hecha de adobe, en la que todavía se está trabajando (y mucho, ya que Chan Chan es sólo una parte de todas las construcciones que había realizado la cultura Chimu, que dominó toda esa zona del Perú hasta que sucumbieron ante los Incas). Un lugar infaltable para asombrarse con la capacidad ilimitada del hombre: Espiritual, práctica y de dominación y control.

Después de varias horas de viaje, y en uno de los peores colectivos que tomamos, llegamos a Máncora, bien al norte del Perú. Esta es otra playa muy conocida por los surfistas de todo el mundo, y donde también se practica mucho kitesurf. Es increíble ver cómo estos individuos saltan, vuelan por los aires y vuelven a caer al agua, a una velocidad sorprendente.

Un pueblo a los lados de la ruta Panamericana, donde nos vimos a la noche bailando sobre esta misma, tirando pasos imaginando como seria bailar sobre la Panamericana en Buenos Aires, o morís o te confunden con giro. Otra característica del lugar es su cercanía a los Manglares, de donde sale la famoso concha negra, y de esta su ceviche, según dicen uno de los afrodisiacos mas potentes del mundo, digamos que con nosotros no funciono, o sera que lo comimos muy temprano.

Aquí nos encontramos con una amiga nuestra, Marixú, que nos abrió las puertas de su casa y nos invitó a comer con sus amigas, que también nos prestó su tabla de surf -no hace falta aclarar que no pudimos ni correr una sola ola, mucho menos pararnos-, y con la que nadamos en el mar con el perro que cuida su colegio y casa, Chino.

Máncora, una pequeña playa al norte del Perú. Otro destino interesantísimo en nuestro viaje...