sábado, 19 de abril de 2008

Bolivia y su gran desierto


Al dejar La Quiaca y cruzar por el puente a Villazon comienza a marcar diferencias importantes en todo sentido. Ya se empiezan a ver a las famosas cholitas copando la calle y el negocio del día a día boliviano. Una larga caminata, mochila a cuestas hasta la terminal de trenes dejo en claro que no va a ser fácil moverse por la tierra de Evo. Al averiguar que los trenes salen todos los días menos el martes nos creo una especie de vacio, porque era Martes. Por suerte siguiendo los consejos de unas amigas de Manu nos fuimos a Tupiza. Ahí nos encontramos con israelitas que habíamos visto en el colectivo de Bs As a Salta. Eramos 10 en total tratando de llegar a Uyuni para poder salir el miércoles al Salar.

Entre idas y vueltas apareció Humberto, un local que se ofreció a llevarnos a los 10 en un jeep por una módica suma que no era lo que se puede decir barato. Debo decir que fue el peor viaje de nuestras vidas. El motivo por el cual había que salir ese día era porque todos las y los israelitas querían hacer el tour para terminarlo el viernes y estar el sábado en La Paz para la celebración de Pesaj, su ceremonia que conmemora la liberación de la esclavitud a manos de los egipcios. Después de 6 horas de sufrimiento por un camino de tierra cruzando por arriba del cielo mismo llegamos a Uyuni.

Tour contratado, salimos en una travesía de 3 días por salares, lagunas y desiertos. Volcanes, aguas termales y pueblos en el medio de la nada, que te hacen pensar en que la globalizacion es un medio de dominación y no una manera de unificación. Realmente era toda una experiencia convivir con 4 mujeres y un hombre israelita, una cultura y manera de ver el mundo totalmente diferente al nuestro. El primer día exploramos en Salar de Uyuni, comimos en la Isla del Pez (una especia de monte lleno de cactus en el medio del salar) bife de llama con quinoa. Seguimos recorriendo, con paradas en el medio. Ya ese día conocimos mucho de la cultura judía, y que el preconcepto de que todos los israelitas son judíos practicantes, amantes de su cultura no era tan acertado. Sus raíces son fuertes, pero la influencia de USA es cada vez mas fuerte. Es como una fusión de culturas muy raras, y a su vez diferentes, pero que conviven al fin.

A la noche dormimos en un pueblito en el medio de la nada llamado San Juan. 3 manzanas, sin calefacción, con luz solo de 7 a 10 por generador. Ahí dormimos los 7 en un cuarto. En medio de la comida un grupo de 5 niños locales vinieron y nos tocaron 3 temas a la gorra se podría decir, fue muy emocionante y movilizante. El 2do día empezó temprano, y salimos a visitar diferentes lagunas. Fue un viaje lindo pero duro porque fue bastante arriba de la camioneta. Pero ahí siguió el intercambio con la cultura judía. Tuvimos un fuerte encontronazo con Avi, el único hombre aparte de nosotros por su constante prepotencia y su manera de denigrar al pueblo boliviano. Un pueblo bastardeado por su historia y su geografía.

El 3ra día fue terrible. 4 de la mañana arriba, con 2 grados bajo cero y a 4.500 metros de altura. Sentíamos que el frio quebraba los huesos. Después de pasar por un volcán fuimos a unos baños termales que nos calmaron un poco. El viaje continuo por otros lados, pero ninguno de demasiada importancia.

Lo que pudimos notar en este tour fue la inmensidad del desierto boliviano, la falta de recursos que tienen, y la necesidad de un plan de interacción que alcance todos los rincones de un país que en este momento se encuentra en un momento crucial.

Salta y Jujuy a tiro de cascote


En Salta tomamos un tour que nos llevó a recorrer Salina Grande, Santa Rosa de Tastil, San Antonio de los Cobres y terminamos en Purmamarca (Jujuy). Homero era nuestro guia, y fuimos en una camionetita tipo Kangoo con una pareja de porteños que trabajaban para Caterpillar, y que se emocionaban cuando veían una máquina en el camino. EL tour comenzó temprano, alrededor de las 7am, y fuimos bordeando y cruzando partes del trayecto que hace el Tren a las Nubes (que volverá a funcionar probablemente a mediados de este año).

Entre sueños y curvas, muchas curvas, llegamos a un pueblito (si es que así se lo puede llamar) llamado Santa Rosa de Tastil. Hacemos esta aclaración porque realmente es una o dos cuadras, al lado de la ruta. Solamente un par de casitas, un bar y un baño. Por supuesto que hay una iglesia, en la que se celebra misa una vez por año: El día de Santa Rosa. Auto nuevamente, sueño, curvas y altura. Todo eso nos llevó a un pueblito minero en medio de la montaña (y de la nada) que se llama San Antonio de los Cobres. Es un pueblo un poco más grande, digamos unas 6 o 7 manzanas. Y mucha, pero mucha tierra (algo que nos acompaña hasta ahora, en Bolivia).

En San Antonio frenamos un rato para comprar algo de comer, y aprovechamos para caminar y charlar con los chicos del lugar, que jugaban en la plaza del pueblo. Por cierto, si tienen ropa para donar, es una muy buena idea mandarla allá. Tal vez es más caro que llevarla a Caritas o a la iglesia de barrio, pero realmente hace mucha falta. El viaje siguió y llegamos a Salina Grande, que obviamente es una Salina (un desierto blanco, de sal, donde hay gente que trabaja sacando sal a través de unos piletones y 6 meses de espera). No hay mucho que decir de esto, más que es impresionante. El silencio, el viento, el reflejo... Y la gente que vive en los pueblos cercanos y trabaja la sal, siempre con anteojos de sol y la cara protegida por un rompevientos).

Una vez más en el auto, rumbo a Purmamarca, donde terminó el tour y nos quedamos a dormir. Un destino infaltable en cualquier viaje por el Norte Argentino, para estar un día y una noche. Es un increíble pueblo a los pies del Cerro de los Siete Colores, que no debe tener más de 6 o 7 manzanas de grande, y que casi todas las calles dan a la plaza, donde se pueden comprar artesanías, o sentarse a descansar y disfrutar de la paz del lugar. Por la noche, la gente que hay se junta a comer y a escuchar a algún cantante o grupo musical. El Cerro es increíble, y parece hecho de arena (si se lo golpea, parece desmoronarse de a poquito). Idealmente, habría que verlo en un día de sol, para apreciar bien sus colores... no fue nuestro caso, pero igualmente es espectacular.

Nuevo día, pasaje en mano para Humahuaca. En el trayecto, a través de la Quebrada, se ve mucha pobreza. Digna pobreza, no miseria. Casas de adobo, techos de chapa con piedras para que no se vuelen, y mucho, pero mucho frío. Pasamos por Tilcara, pero ya habíamos decidido no frenar. Queríamos ir directo a Humahuaca. Una vez en Humahuaca, todo cambió. Hasta el clima (nos habíamos despertado y viajado con el cielo nublado, y Humahuaca nos recibió con un sol pleno). El pueblo, como pudimos ver al subir a un mirador, se divide en dos partes: Una parte antigua y apasionante, y la parte donde viven todos, que es muy humilde.

Aprovechamos que había varios tours para escuchar lo que estaban explicando, y después nos lo repitió Nico, un chico de unos 10 años que quería ser guía cuando fuese grande. Así nos enteramos de los 103 peldaños del monumento a los Héroes de la Independencia, de los gauchos de Güemes y los del Norte, las estrofas que no fueron incluidas en el Himno Nacional, y otras cosas.
Almorzamos en un comedor muy barato y muy bueno, y después fuimos al mirador del que ya les conté.

Terminamos en la escalera al monumento, sentados y escribiendo y sacando fotos. Hasta que aparecieron dos perros iguales, uno macho y una hembra. El macho tenía la mano destruida, y andaba a los saltitos de acá para allá. Venían con una piedra en la boca, que pretendían se las tiremos (si no, ladraban). Jugamos un buen rato, y Axel, un nenito de 4 años, empezó a jugar con nosotros y los perros. Estuvimos bastante tiempo -demasiado, tal vez, porque a la noche estábamos completamente rojos por el sol-, hasta que nos fuimos para la terminal, no sin antes pedirle a Axel que cuide a Victor y a Victoria, el nombre que le dimos a los perros. Rumbo a La Quiaca, el camino es impactante. Cruzamos montañas, desiertos, la nada misma, y un par de pueblos en el medio.
La Quiaca nos recibió de noche, así que buscamos un alojamiento y comimos algo. No vimos mucho, pero lo que vimos no nos gustó. Así que a la mañana siguiente, temprano, nos levantamos y nos fuimos para la frontera con Bolivia.

sábado, 12 de abril de 2008

Primer destino - Salta


Después de un largo viaje en bondi llegamos a Salta capital. Lo primero que notamos es que la podríamos considerar una Ciudad Pueblo, ya que tiene el tamaño de un gran centro urbano, pero se rige por las costumbres de un pueblo. Una mezcla de una época colonial con el incomparable desarrollo de la arquitectura moderna. Calles de piedra, edificios de siglos anteriores, iglesias que bordean el Rococó; hoteles lujosos, edificios de fachada de vidrio, son contrastes que se pueden ver en todas las esquinas.

En el colectivo conocimos a una chica de 23 años, Julieta, que había sido madre a los 16 años, ahora su hijita tiene 7 años. Este es otro de los puntos más destacados que percibimos por la zona, la falta de educación sexual, o quizás las diferentes maneras de vivir la vida. Muchas adolescentes andan paseando con sus hijos por la calle. Y se notan felices, no es una carga, no es un problema, sino una bendición. Pero sin duda que no es el mejor escenario para la crianza de un niño, ya que la mayoría todavía vive en la casa de sus padres. Pero como decía anteriormente esto no las priva de nada, salen, se divierten, trabajan, todo por el apoyo familiar que reciben.

Como muchos saben Salta es una ciudad muy espiritual. Se nota en la cantidad de iglesias que se pueden ver. Pero también es una ciudad con una energía increíble. ¿Será por qué la siesta es sagrada? La ciudad se para de 13 a 17 y todos recargan pilas. A la noche, sin duda la Balcarce es una calle de increíble vibra. Boliches, Peñas, bares, todos frente al otro, hacen de estas 3 cuadras un destino inesquiable cuando te querés divertir. Pero acá también se nota otra característica de un pueblo. La diferencia social que existe, el rechazo de una clase a otra. Y no se si son clases sociales, ya que podría bordear el racismo. Los chicos/as "bien" sienten una especie de asco o repugnancia por los chicos/as con razgos de descendencia india. Y es algo que no dejo de alterarnos. No existe ningún otro motivo más que el status y su ascendencia. Algo parecido a lo que pasa en todos lados, pero acentuado.

Otra de las jodas de los chicos "bien" parece ser salir a dar vueltas en sus autos último modelo por la ciudad, y todo el mundo al pasar el auto sabe quien es. Es muy gracioso escuchar a las mujeres decir: "ahí va el Luis" solo por ver un auto.

Más allá de este análisis, la gente acá es muy servicial, atenta y divertida. Nuestro comienzo de viaje no pudo ser mejor, y estamos muy contentos de estar acá. Mañana salimos para San Antonio de los Cobres, y seguimos por Salinas Grande y Purmamarca, todo en camino, y todo sin tiempo.