Con la colaboración de Candela Torres.
El “conflicto”
palestino-israelí tiene tantas aristas visibles como invisibles. La primera, y
quizás una de las más conocidas guarda relación con la terminología, la de denominación. Llamarlo conflicto puede ser
peligroso y hasta insensible, porque en
el significado de conflicto está implícito un sistema de equilibrio de fuerzas
que, desde el terreno y probablemente desde fuera de él, es complicado creer.
Llamémoslo ocupación entonces, incluso apartheid, un desgraciado término que seguramente
se asemeja más con la realidad. Acérquense y compruébenlo con sus propios ojos,
con su propia piel.
Aunque
no es de esa arista de la que queremos ocuparnos en este momento, bien vale la
precisión estas primeras líneas del artículo. Entonces, queremos hablar hoy de
un destello de realidad que se abrió a nuestros ojos recientemente fruto de una
charla en Belén. Tuvo lugar en el Alternative Information Center (AIC),
brindada por uno de los miembros de Addameer
(recomendamos visitar su Web: http://www.addameer.org/),
una organización de apoyo a los presos palestinos en cárceles israelíes y
palestinas.
En
principio, la charla repasó la realidad pasada y presente de los presos,
ofreciendo datos escalofriantes, como que el 30 por ciento de los hombres y
mujeres palestinos han sido arrestados al menos una vez. Detenciones denominadas
en ocasiones administrativas, cuyo
argumento no tiene que basarse en la comisión de un delito sino en la
consideración de una potencial puesta en peligro de la seguridad israelí. Bajo
el marco de esta detención administrativa, un palestino puede permanecer en
prisión años a la espera de un juicio sin que éste llegue.
En
cuanto a los datos, en la actualidad 4.812
palestinos se encuentran presos en alguna de las 17 prisiones con las que
cuenta el gobierno israelí, sin que éste
respete la ley internacional humanitaria ni los acuerdos de la IV Convención de
Génova por las cuales los presos de Cisjordania deben ser encarcelados en zona
cisjordana. De hecho, sólo hay una prisión en este suelo, la de Ofer, las otras
16 se encuentran en los territorios ocupados en 1948, a los que no tiene fácil
acceso el palestino cisjordano.
La
situación de los presos dentro de la cárcel también presenta algunas
peculiaridades, y es aquí donde queremos detenernos, ésta es la arista la que
merece especial atención, por ser quizá la menos conocida en relación al resto
de los datos que se ofrecieron. De esta manera, tal como denunciara la
organización Addameer, los presos no pueden recibir ningún producto del
exterior por parte de familiares y amigos, ni alimentos, ni ropa, ni tabaco.
Aquello que deseen entonces, deben adquirirlo dentro de las cárceles, en los
diferentes establecimientos que las ofertan. Si quieren comprar unas zapatillas
de deporte, por ejemplo, deben acudir a la tienda
de la prisión correspondiente, en la que solo se ofrecen primeras marcas a
precios muy altos. O el tabaco, al que muchos palestinos son adictos, se vende
a unos precios que duplican o triplican el exterior.
Es
en estos 2 ejemplos que podemos ilustrar la cruel e inhumana inteligencia del
gobierno israelí. En el caso de las zapatillas, la legislación obliga a tener 3
opciones de las mismas a diferentes precios para que todos los presos puedan adquirir una. Pero en la práctica, en las dos con precios
más bajos, no disponen de los número que van del 40 al 44 (los más usados por
los hombres), entonces terminan comprando unas zapatillas Nike a unos 700
shekels (140 euros aprox.). Lo anecdótico se refleja cuando los fotógrafos
internacionales autorizados van a retratar las cárceles, todos los funcionarios
se jactan de lo bien que viven los presos ya que “todos llevan zapatillas Nike”. El tabaco también genera grandes
beneficios, si en Israel un paquete de tabaco puede costar unos 20 shekels
promedio (4 euros), lo mínimo que le cobran a un preso son unos 40.
Junto
a esta forma de recaudación económica, “de hacer negocio”, explicaba el representante
de Addameer, también se encuentra otra, la del pago de multas fruto de cada detención. “A cada detención, nueva
recaudación”, explicaba. Suelen ser 5.000 shekels, el equivalente a unos 1.000
euros. De esta manera, las cantidades de dinero recogidas, según cálculos de la
organización, pueden superar los tres millones de shekels, unos 600.000 euros,
que, según las autoridades israelíes se usan para mejorar las condiciones de
las prisiones, “que suelen ser aquéllas en las que están encarcelados en mayor
proporción israelíes”, indicaba el responsable de la organización.
Y
conviviendo con esta realidad menos conocida, otra, sobre las que sí existe una
repercusión mediática, la de los presos
en huelga de hambre, una repercusión que sin embargo no altera el curso de
los acontecimientos. Su situación, explicaban desde la organización, es de
total desprotección, a pesar de las campañas que se implementan en la sociedad
civil y en las redes sociales a nivel nacional e internacional.
Entonces,
como mencionábamos en el primer párrafo, debemos interesarnos por la realidad
palestina, pero de una manera profunda. No somos palestinos ni nunca lo
seremos, nunca sufriremos como ellos, pero somos seres humanos y debemos denunciar, debatir y conocer la realidad.
Esta ocupación lleva suficiente tiempo como para que muchas personas se sientan
abatidas, desganadas, sin esperanza. No
es el momento de bajar los brazos, porque los habitantes de Palestina no los
han bajado.
