Como no es de sorprenderse en este viaje, la salida de Costa Rica tampoco fue fácil. Sabíamos que era un largo trayecto con varios transbordos, pero los problemas comenzaron apenas salimos del ferry. Nos teníamos que tomar un bus a Peñas Blancas (la frontera), pero nos informaron que un puente se había roto, por lo cuál había que hacer transbordo. Tomamos el primer bus y, para nueva sorpresa, al llegar al puente (que lo cruzamos caminando) del otro lado más de cien personas esperaban el bus de la misma compañía; luego de más de una hora de idas y vueltas, nos subimos al bus repleto que nos llevo a la frontera.
Una vez hechos los papeles, ya en Nicaragua, una nueva complicación: no habia más buses. Con mucho sufrimiento y dolor, nos tocó pagar un taxi. Lo primero que vimos al pisar territorio nica, fue una publicidad muy grande de su presidente Daniel Ortega que decía "arriba los pobres del mundo". Se dice que Nicaragua es el país más pobre de la región, y uno de los más pobres junto a Haití y Bolivia. Estábamos muy contentos de estar allí y de dejar a Costa Rica, increíblemente linda pero casi una estrella más en el pabellón estado unidense.
Ya en el taxi, nuestro destino fue Granada, la ciudad colonial por excelencia de Nicaragua, y una de las más importantes. La ruta nos regaló paisajes increíbles y un cielo imponente. Al llegar, nos llevamos otra sorpresa: la ciudad estaba llena de turistas (en su mayoría, europeos), y era increíblemente linda. Callecitas empedradas, peatonales llenas de bares, una plaza central con sus puestos de comida típica, y una gente muy humilde pero muy amable. No nos quedamos mucho tiempo, pero nos bastó para reconocerla, disfrutarla y hasta para tomar un rico y memorable fernet.
De Granada nos tomamos un bus a Rivas, un taxi al puerto de San Jorge y un ferry a la Isla de Ometepe (se dice que es la isla más grande dentro de un lago). La isla está situada entre dos volcanes, y tiene muchos pueblos alrededor. Nuestro primer destino fue Mérida, a una hacienda que llevaba su mismo nombre. Con nosotros fueron Emily y Sarah, dos chicas canadienses que no se habían decidido a dónde ir, y nos siguieron.

La estadía fue muy agradable: una caminata a unas cascadas (con la pésima idea de ir en ojotas), kayak a unas islas llamadas Monkey Islands (en las que pudimos ver varios ejemplares de monos capuchinos y arañas), unos atardeceres increíbles y mucho juego de cartas.
El siguiente destino en la isla fue Santo Domingo. Un lugar un poquito más grande, pero con la misma calidez; este pueblito tenia playa, así que pudimos disfrutar de ella. Nuestras amigas canadienses también vinieron, junto con dos nuevos amigos: Juliana, de EUA, y un canadiense más. Aquí no hicimos mucho más que ir al Ojo de Agua (una piscina natural de agua cristalina) y descansar mucho. Grandes discusiones, diserctaciones políticas, y más cartas para relajar, nos acompañaron a todos en estos días.
Una vez hechos los papeles, ya en Nicaragua, una nueva complicación: no habia más buses. Con mucho sufrimiento y dolor, nos tocó pagar un taxi. Lo primero que vimos al pisar territorio nica, fue una publicidad muy grande de su presidente Daniel Ortega que decía "arriba los pobres del mundo". Se dice que Nicaragua es el país más pobre de la región, y uno de los más pobres junto a Haití y Bolivia. Estábamos muy contentos de estar allí y de dejar a Costa Rica, increíblemente linda pero casi una estrella más en el pabellón estado unidense.
Ya en el taxi, nuestro destino fue Granada, la ciudad colonial por excelencia de Nicaragua, y una de las más importantes. La ruta nos regaló paisajes increíbles y un cielo imponente. Al llegar, nos llevamos otra sorpresa: la ciudad estaba llena de turistas (en su mayoría, europeos), y era increíblemente linda. Callecitas empedradas, peatonales llenas de bares, una plaza central con sus puestos de comida típica, y una gente muy humilde pero muy amable. No nos quedamos mucho tiempo, pero nos bastó para reconocerla, disfrutarla y hasta para tomar un rico y memorable fernet.De Granada nos tomamos un bus a Rivas, un taxi al puerto de San Jorge y un ferry a la Isla de Ometepe (se dice que es la isla más grande dentro de un lago). La isla está situada entre dos volcanes, y tiene muchos pueblos alrededor. Nuestro primer destino fue Mérida, a una hacienda que llevaba su mismo nombre. Con nosotros fueron Emily y Sarah, dos chicas canadienses que no se habían decidido a dónde ir, y nos siguieron.

La estadía fue muy agradable: una caminata a unas cascadas (con la pésima idea de ir en ojotas), kayak a unas islas llamadas Monkey Islands (en las que pudimos ver varios ejemplares de monos capuchinos y arañas), unos atardeceres increíbles y mucho juego de cartas.
El siguiente destino en la isla fue Santo Domingo. Un lugar un poquito más grande, pero con la misma calidez; este pueblito tenia playa, así que pudimos disfrutar de ella. Nuestras amigas canadienses también vinieron, junto con dos nuevos amigos: Juliana, de EUA, y un canadiense más. Aquí no hicimos mucho más que ir al Ojo de Agua (una piscina natural de agua cristalina) y descansar mucho. Grandes discusiones, diserctaciones políticas, y más cartas para relajar, nos acompañaron a todos en estos días.

1 comentario:
Hola Mauro, como estas? la verdad envidiable, tu viaje, te sigo en tu trayectoria. te mando cariños, cuidate mucho....Cristian el flaco.
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