Curso: “Fundamentos de los Estudios para la Paz y los Conflictos”. Práctica: Análisis del caso Aminattou Haidar. Pero primero sería bueno que tengamos claro que vamos a tratar y porque se desató todo lo que se desató.
Por un lado se encuentra el histórico conflicto por la soberanía del Sáhara Occidental, problema que se remonta tiempo atrás, y que tiene sus fundamentos en el colonialismo europeo en África. Por otro lado, está el conflicto puntual de Aminattou Haidar, el cual ha reflotado un tema que estaba congelado hace ya unos cuantos años. Entonces, para entender el caso de Haidar sería bueno entender un poco el contexto histórico, político y hasta económico del conflicto, sin perder la mira que se centra en lo ocurrido el día que fue expulsada del aeropuerto de El Aailún el 14 de noviembre del año pasado, y que duró hasta el 18 de diciembre, con el regreso a su ciudad.
Desde que España abandonó el Sáhara Occidental y cedió la administración del territorio a Marruecos y a Mauritania conforme a los Acuerdos de Madrid, se interrumpió su proceso de descolonización, y es todavía al día de hoy considerada por el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Es cierto que en la actualidad Marruecos controla casi toda su extensión territorial, pero su soberanía no es reconocida por la ONU. En el otro lado encontramos al Frente Polisario, que apoyado por Argelia declaró la República Árabe Saharaui Democrática en 1976 y así comenzó una guerra de liberación contra los dos países que controlaban la administración.
Es importante considerar que la Corte Internacional de Justicia había reconocido vínculos históricos entre los saharauis y los marroquíes, y planteaba la autodeterminación del pueblo. Marruecos interpretó esto como un derecho de anexión y ocupó militarmente, apoyado por Estados Unidos, la zona. Mauritania fue derrotada y firmó la paz con el Frente, por lo que el conflicto se convierte en algo bilateral, siempre con la intervención esporádica de otros países y organizaciones. Las tensiones y enfrentamientos fueron creciendo hasta que en 1991 se dio un cese al fuego, auspiciado por la ONU. Desde ese momento, Marruecos ha bloqueado sistemáticamente todo intento de realización del referéndum por la autodeterminación del pueblo saharaui.
Tampoco debemos olvidar las razones económicas que rodean este conflicto. El Sáhara Occidental es una zona muy rica en minerales (como fosfatos y petróleo entre otras cosas) y recursos pesqueros. Y esto no es un detalle menor; España por ejemplo es una de los mayores beneficiados con los tratados de pesca en la zona. Pero a pesar de todo lo anteriormente expuesto, esto parecía dormido en los medios y en la agenda internacional, hasta que a Aminattou le prohibieron entrar a su tierra.
Habiendo hecho una observación superficial de la coyuntura del problema, es tiempo de analizar en profundidad el caso puntual de la activista saharaui, dentro de este conflicto que se nos presenta como territorial, pero que tiene muchas más aristas.
Es claro que Aminattou Haidar fue capaz de volcar a la opinión pública internacional a su favor y canalizarla para darle importancia a su lucha. Marruecos, fue el generador inmediato del problema cuando decidió expulsarla y retenerle el pasaporte, a pesar de que “nadie podrá ser arbitrariamente privado del derecho de entrar en su propio país” según un pacto de la ONU. Con esto, España quedó afectada al inconveniente al dejar entrar a la activista, alegando “que existían razones humanitarias y de interés público” y que por eso autorizaron su entrada. Y Francia se introdujo al final del conflicto y fue determinante para la solución del mismo. Tambien existieron otros actores secundarios que estuvieron presentes, generando presión, o como agentes mediadores, pero que no intervinieron tan directamente en la escena. La Unión Europea fue uno de los que siempre se mantuvo presente, y de no haber llegado la solución hubiese tenido más implicancia en la búsqueda de la misma. La ONU siempre es un organismo que se involucra en estos temas, aunque en esta ocasión volvió a mostrar que a veces poco puede hacer en temas de soberanía nacional. Estados Unidos presionó desde su gobierno central, pero también desde sus organizaciones defensores de los Derechos Humanos. Amnistía Internacional fue incansable en su constante condena a la actuación del gobierno marroquí, pero poco pudo hacer sin el apoyo de organismos que lo secunden en sus denuncias. No podemos dejar al pueblo saharaui y al Frente Polisario que apoyaron a Aminattou con diferentes actos y manifestaciones.
El objetivo de Haidar era entrar a su ciudad. Pero podemos decir que su objetivo se vio alterado, y viro a la conservación de su posición en la inalterable lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui. Por otro lado se encuentra Marruecos, que tenía como objetivo demostrar su soberanía territorial sobre la zona, pero por sobre todas las cosas, quería volver a poner en primer plano internacional el tema del Sáhara Occidental. El objetivo de España era simple, que Aminattou Haidar vuelva a El Aaiún lo antes posible y con el menor coste político posible. Francia aprovechó su gran influencia diplomática para probablemente salir como el más beneficiado en este tema. Su objetivo era el de mediación, pero sin mucho que perder, y enorme prestigio que ganar. Todos los demás actores secundarios prácticamente tenían los mismos objetivos. Que la activista vuelva a su tierra, que se respete su voluntad y su lucha, y que se vele por su seguridad y su salud.
No obstante, cada uno utilizó diferentes medios para lograrlo, pero siempre en el camino de la diplomacia. Algunos con posturas más fuertes, otros más flexibles, pero según los protagonistas exponen, siempre por medio del dialogo. Si analizamos en detalle los medios que esgrimó Marruecos, notaremos bastantes irregularidades en el proceso. Primero y principal, y como ya se ha comentado con anterioridad “nadie podrá ser arbitrariamente privado del derecho de entrar en su propio país” según el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU. Y si a esto le sumamos que le decomisaron el pasaporte, documento necesario para que pueda entrar a España (más allá de que tenía una tarjeta de residencia). Y si le agregamos que nunca le mostraron la orden de expulsión, como es necesario en estos casos, podemos ver que las irregularidades se sucedieron una detrás de la otra. Pero a pesar de esto, el gobierno marroquí continuó firme en su decisión, esperando el pedido de disculpas de la activista, sin importarle lo que España iba proponiendo, ni los demás organismos, casi como si tuviera un poder estructural, proponiendo las reglas de juego.
Luego nos encontramos con los medios que utilizó España para tratar de alcanzar una solución, una vez cometido el error de dejarla ingresar. Primero recurrió al dialogo y al consenso con el país vecino para que dejara volver a Haidar. Al ver que esto no ocurría, le ofreció a la saharaui el estado de “refugiada” y posteriormente la ciudadanía española, pero nada de eso fue aceptado. Luego solicitó ayuda a diferentes organismos internacionales, como el caso de las Naciones Unidas en el que buscó la colaboración de su secretario general, Ban Ki-moon. También lo hizo ante la Unión Europea, donde el asunto llegó a ser tratado en la Eurocámara. Nada de esto parecía ser efectivo para destrabar las negociaciones.
Aminattou, al verse afectada en este conflicto, recurrió a una vía no violenta de protesta, la huelga de hambre. Hubo quienes osaron comparar su acción con el empoderamiento pacifista de Ghandi, pero son dos situaciones totalmente diferentes, que solo se ven unidas por la acción en concreto de la huelga. Siempre mantuvo su postura y nunca utilizó otro medio (aunque todo ese tiempo se vio beneficiada de la prensa internacional para hacer conocer su lucha al mundo) para lograr su cometido, volver a El Aaiún. Rechazó todo tipo de propuestas y ofertas y su objetivo era claro, y sus medios, la protesta pacifica.
Luego tenemos a Francia, que fue un factor determinante en la resolución del problema. Sus medios, su diplomacia que esta cargada de recursos intangibles que lo hacen capaz de ejercer un poder relacional para poder influir constantemente en diferentes cuestiones ajenas a su soberanía. Pero junto a España debieron firmar un acta en el que afirmaban que “la Ley marroquí se aplica en el Sahara”.

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