No podemos hablar de Cali sin antes contar un poco de la epopeya que fue el viaje hasta esa ciudad, que comenzó un día antes. Por una cuestión de seguridad, nos fuimos a la frontera ecuatoriana, Tulcán, a pasar la noche, y vimos el partido de Colombia - Ecuador en el bus que nos llevó. Luego, ya en el hotel, vimos el aburridísimo partido de Argentina Brasil, y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, temprano pero no tanto, nos dispusimos a cruzar la frontera. Plata embolsada y puesta en las medias, bajo los zapatos, plata escondida por donde se pueda, todo los recaudos necesarios después de tantas indicaciones y alertas que habíamos recibido.
Ya estábamos en suelo colombiano. Un taxi nos llevó al terminal de Ipiales, y después de desayunar, nos embarcamos en un mini bus que nos iba a llevar a Cali. El gran problema, por llamarlo de algún modo, es que Colombia está atravesada por tres cordilleras, por lo cuál las distancias son cortas, pero los trayectos son excesivamente largos (con tan sólo decir que nos llevó alrededor de 17 horas un trayecto de 457km, con derrumbe en la ruta y todo incluido...). Sin embargo, el paisaje es increíble, y bien vale la pena viajar de día para apreciarlo.
Cali es una ciudad que está en un buen momento, creciendo, grande y linda. Y mucha de esta expansión, lamentablemente, se debe a que los narcos o traquetos, como se los llama acá, invierten mucho del dinero que tienen allí: Bares, restaurantes, discos, de todo. Así que, por un lado tenemos una ciudad muy linda, segura, con bastante arte y ritmo caliente.
Así fue que fuimos a bailar, después de realizar buenas averiguaciones con las recepcionistas de un banco, a Lola´s, una disco muy linda, ubicada en las afueras de la ciudad. Cara, como es Colombia, con la gente muy bien vestida y arreglada, y un punto de encuentro, por lo que nos dijeron, de varios traquetos del área. Tal vez por eso es que fuimos cacheados tres veces antes de entrar, en tres lugares distintos de la disco. Ron, aguardiente, cerveza y limonada. Salsa, reggaeton, bachata (que lindo) y ballenato.
Acá también notamos lo que venimos marcando a lo largo del viaje. Apenas entramos nos hicimos amigos de unos chicos/as, ¿qué nos dijeron? Acá van a ver la diferencia entre ricos y pobres, y hoy van a vivir como ricos. Obviamente ese comentario fue de un pedante joven que se jactaba de haber viajado a 87 países y que a los 2 minutos querían ponerle una bomba en la boca y salir corriendo.
Sin embargo, una de las mejores cosas de Cali fue conocer a David, Katherine y Daniel. Tres chicos que nos recibieron con los brazos abiertos, nos invitaron a recorrer la ciudad, y hasta nos alojaron en su casa. Con ellos fuimos a la plaza del Gato (que tiene varias gatas que lo miran), a la plaza del Perro, a rumbear a la noche. Con ellos jugamos al waterpolo y al playstation (quedo claramente marcada la superioridad argentina). Con ellos bailamos salsa y bachata. Con ellos nos quedamos hasta las tantas horas de la madrugada intercambiando chistes, cervezas y arepas...

Así fue nuestro ingreso a Colombia. Así fue Cali.

1 comentario:
Feliz dia del amigo chicos! Espero que sigan mas q bien x donde anden... Se los extraña y envidia mucho. Besotes para ambos
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