viernes, 6 de junio de 2008

Trujillo, Huanchaco y Máncora... El Norte del Perú

Trujillo es una de las ciudades más grandes e importantes del Perú; es una mezcla de construcciones coloniales, de calles de adoquines y de un clima mucho más cálido. También es gente, ruido, bocinas, buses que vuelan gritando sus recorridos, taxis y ferias en las que se puede encontrar de todo por poca plata. Tuvimos la suerte de estar por ahí en la fecha del Corpus Cristi, y ver como vive la gente esta fecha. Es una fiesta religiosa a todo trapo, donde la gente parece renovar su fe, pero a la vez se divierte y pasa el rato, para nosotros fue una celebración curiosa pero fue un momento entretenido.

A quince minutos de la ciudad hay un pueblito pesquero y surfista llamado Huanchaco, y que es prácticamente todo lo contrario a Trujillo: tranquilidad, paz, silencio, buenas olas y comida de mar. Es un pueblo en el que los pescadores se lanzan a las aguas en sus canoas hechas de totoras (parecidas a las canoas que se usan en Los Uros, en las frías aguas del Titicaca). Y es también el lugar donde se realiza la fecha peruana de la serie mundial de surf de Reef.

Entre Trujillo y Huanchaco, sin embargo, hay una cosa que nada tiene que ver con el surf, ni con las ferias, ni nada de eso: Es Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América. Una imponente construcción hecha de adobe, en la que todavía se está trabajando (y mucho, ya que Chan Chan es sólo una parte de todas las construcciones que había realizado la cultura Chimu, que dominó toda esa zona del Perú hasta que sucumbieron ante los Incas). Un lugar infaltable para asombrarse con la capacidad ilimitada del hombre: Espiritual, práctica y de dominación y control.

Después de varias horas de viaje, y en uno de los peores colectivos que tomamos, llegamos a Máncora, bien al norte del Perú. Esta es otra playa muy conocida por los surfistas de todo el mundo, y donde también se practica mucho kitesurf. Es increíble ver cómo estos individuos saltan, vuelan por los aires y vuelven a caer al agua, a una velocidad sorprendente.

Un pueblo a los lados de la ruta Panamericana, donde nos vimos a la noche bailando sobre esta misma, tirando pasos imaginando como seria bailar sobre la Panamericana en Buenos Aires, o morís o te confunden con giro. Otra característica del lugar es su cercanía a los Manglares, de donde sale la famoso concha negra, y de esta su ceviche, según dicen uno de los afrodisiacos mas potentes del mundo, digamos que con nosotros no funciono, o sera que lo comimos muy temprano.

Aquí nos encontramos con una amiga nuestra, Marixú, que nos abrió las puertas de su casa y nos invitó a comer con sus amigas, que también nos prestó su tabla de surf -no hace falta aclarar que no pudimos ni correr una sola ola, mucho menos pararnos-, y con la que nadamos en el mar con el perro que cuida su colegio y casa, Chino.

Máncora, una pequeña playa al norte del Perú. Otro destino interesantísimo en nuestro viaje...

1 comentario:

jessica bailon dijo...

hola julia muy lindo lo que estas viviendo con tu paseo por america......espero que regreses pronto a ecuador y que sepas que siempre te voy a estar esperando para cuando quieras venir y que dios siempre te guie en tus viajes y regreses a casa con familia graqias por tu amistad.... te extraño y cuidate te quiero mucho.......